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Graduación en Diplomado

Discurso de Edwar Cobos Telles en representación de los alumnos de La Picota con motivo de la graduación en el Diplomado "GESTOR DE PAZ, DESARROLLO SOSTENIBLE Y COOPERACIÓN INTERNACIONAL"
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Señoras y Señores:
Agradecemos muy sentidamente su presencia en este acto que adquiere un inmenso valor simbólico, tratándose de un esfuerzo que, desde distintas responsabilidades y perspectivas, hemos logrado concretar y cuyo significado intentaremos describir en las siguientes palabras que resumen a modo de constancia escrita aquello que ha ido floreciendo en el ánimo de quienes, como ex jefes desmovilizados de las autodefensas, participamos como estudiantes de este proyecto educativo denominado Diplomado "GESTOR DE PAZ, DESARROLLO SOSTENIBLE y COOPERACIÓN INTERNACIONAL".
 
Acudimos a esta ceremonia de graduación con la satisfacción por la misión cumplida: como alumnos de finales de año en vísperas de merecidas vacaciones, vueltos a nacer como estudiantes curiosos e inquietos en un memorable trayecto de nuestras vidas. Etapa que fue posible por el esfuerzo de gente e Instituciones de la Comunidad Internacional que comprendieron lo importante que era para nosotros acceder al Diplomado, así como el Parlamento Europeo que al cubrir el 50 % del costo permitieron que nuestro sueño se hiciese realidad. Hemos compartido con compañeros y profesores una experiencia maravillosa al cabo de la cual no podemos sino sentir nostalgia y un cierto pesar al completar el curso. Así son las vivencias humanas, y entre ellas el aprendizaje, que nos permite crecer como individuos y también como sociedad. Que nos pone en contacto con todo un mundo desconocido que queremos comprender y asimilar, para luego disfrutar y transformar añadiendo nuestra propia huella sobre él, con el esperanzado anhelo de mejorarlo, enriquecerlo, volverlo más parecido al mundo de nuestros sueños, ese remanso de paz que nunca ha sido pero que nos debemos los seres humanos, siempre sedientos de libertad y dignidad.
 
Las condiciones que hoy padecemos tras tres largos años de detención y de la que tantas veces nos lamentamos, permiten también -y somos los primeros en agradecerlo sentidamente- que prosperen iniciativas como las adelantadas por el Instituto de Altos Estudios Europeos (IAEE), su director Dr. Gustavo Palomares y claustro de profesores de la Cátedra Jean Monnet en políticas y cooperación de la Unión Europea, con el apoyo de la Universidad Nacional de Estudios a Distancia de España (UNED), la Red Internacional de Universidades para la Paz (REDEUNIPAZ), la Universidad Complutense de Madrid (UCM) y el patrocinio del Parlamento Europeo.
 
Jamás olvidaremos que fuimos honrados por el saber y la paciencia de tan ilustres y sabios formadores que sembraron en nuestros espíritus energías dispuestas a servir con humildad y perseverancia los nobles propósitos de Paz y Reconciliación que concitan las esperanzas de nuestro País envuelto en las tenazas del conflicto armado que hunde sus raíces en un pasado remoto cuando ninguno de nosotros había nacido y que proyecta sus designios sombríos sobre el futuro de nuestra gente. No siempre fue así. Hay un pasado de pobrezas y carencias, humillaciones y amarguras, pero no teñido con la sangre de nuestros antepasados ni asolado por la guerra entre hermanos. Hubo un tiempo que no fue el paraíso pero tampoco el infierno que nos incendia los campos y nos endurece el corazón. Rememoran nuestros abuelos historias de otros tiempos, de otros abuelos alojados en un pasado que nunca conocimos pero al que quisiéramos volver perdidos como muchas veces nos encontramos en este valle de lágrimas que se ha convertido el País y que golpeó nuestras puertas cuando éramos muy niños y la escuela era nuestro mundo y nuestra inocencia.
 
Si traemos estas remembranzas es porque el Diplomado que hoy nos congrega despertó en nosotros ese niño que seguimos siendo, ese niño que hoy sabe más que antes -mucho más- que la guerra comienza de repente, sin embargo, la Paz es una lenta construcción que requiere de todas nuestras voluntades, pero también que nuestro entusiasmo lo sepamos contagiar, difundir, estimular entre almas escépticas y rencorosas, desesperanzadas y cansadas, más dispuestas a pretender en las manos un fusil que a arrojarlo al fondo del mar. Por eso lo aprendido aquí, cuando de GESTORES DE PAZ se trata, no es saber por solo saber, ni saber por vanidad o pasatiempo.
 
Así como la ignorancia es un arma que los perversos y manipuladores, utilizan en su beneficio hipócrita e inescrupuloso, el saber se vuelve en contra de la misma sabiduría, cuando se pone al servicio de metodologías ofensivas y degradantes, inhumanas y feroces.
 
La construcción de Paz no puede ser dejada en manos de quienes están habituados a imponer su visión de la vida y de la muerte, sus intereses ideológicos o materiales, porque las razones no son patrimonio exclusivo de unos o de otros, sino que albergan en las mentes humanas, por igual en los débiles y los poderosos, los que nacieron en cuna de oro o en el más humilde rincón.
 
Lo aprendido en este Diplomado no debe ser colgado en la pared como testimonio convertido en adorno sino que es otro decisivo paso en la senda del compromiso asumido con la Paz y la Reconciliación que nos convoca a seguir nutriendo los conocimientos adquiridos con nuevos conocimientos y prácticas que nos acompañarán por el resto de nuestras vidas.
 
Hoy sabemos, mejor que ayer, que a esta escuela fuimos invitados para aprender a pedir perdón y también a perdonar. El ejemplo que ya otros pueblos y naciones dieron nos marcó profundamente. Aprendimos en su riqueza en qué consiste la Reconciliación y también que la Reconciliación es posible. No está solo en nuestras manos, pero sin nuestras manos la tarea quedará inconclusa.
 
El gran obstáculo para llegar a ella es no saber perdonar, no querer perdonar. Pero también no saber pedir perdón, no querer pedir perdón. Todos conocemos a personas que fueron gravemente ofendidas, tratadas injustamente, calumniadas o maltratadas y nunca supieron sobreponerse a la ofensa que les provocó tanto sufrimiento. En ocasiones las heridas parecen estar cicatrizando, pero solo en apariencia, porque siguen supurando por debajo de la costra. ¡Cuántos seres humanos guardamos en nuestras almas heridas abiertas! Si no estamos dispuestos a perdonar, si ni siquiera nos proponemos perdonar, todo será en vano. No podemos aspirar a ser Gestores de Paz porque contemos ahora con un Diploma habilitante, si no incorporamos como enseñanza de este Curso el conocimiento del perdón, su naturaleza, sus límites, su profundidad. Nunca olvidemos que no habrá Reconciliación en el cuerpo social de los colombianos y colombianas si no sanamos colectivamente del tremendo mal que la violencia produjo en víctimas y victimarios, que todos lo hemos sido de alguna manera y eso lo sabe cada quien en su conciencia, en la intimidad de nuestro ser adolorido que ansía el alivio de sanar y ser sanado. No olvidando que finalmente, todo perdón es perdón que uno se da a sí mismo.
 
Un Proceso de Paz no sucede al final de la guerra, sino que la guerra finaliza si la Paz se instala en el corazón de los guerreros y los disuade de continuar las hostilidades. Hemos sido once ex compañeros desmovilizados por propia voluntad y determinación quienes iniciamos este Diplomado hace 8 meses como un modo también de comprender en qué fallamos cuando decidimos empuñar las armas y en qué no hemos sabido conducirnos y expresarnos para que Colombia comprendiera de qué se trata el Proceso de Paz con las ex autodefensas campesinas y cuáles han sido nuestras motivaciones e intenciones. No se puede apoyar ni valorar positivamente lo que se desconoce, ni se puede tampoco acompañar con credibilidad aquello que se desenvuelve entre los prejuicios, las estigmatizaciones y los dardos envenenados. En un océano de perplejidades y satanizaciones naufragó el proceso -no nuestra voluntad de Paz ni nuestro anhelo de Reconciliación, que permanecen sólidos en la adversidad- y lo que hoy más nos ocupa no es solo la búsqueda de responsables sino principalmente la búsqueda de soluciones. Nos preocupa que los tambores de guerra sigan prevaleciendo sobre los llamados a la Paz, y que las víctimas hayan seguido produciéndose a diario sin que nuestro desarme y desmovilización -que no tiene antecedente alguno en la historia de la resolución pacífica o dejación de armas voluntaria de organización armada al margen de la ley alguna, rompiendo con ello el circulo vicioso de la violencia- haya sido insuficiente ante la magnitud e inercia de quienes han seguido en pie de guerra de un lado o del otro, en esta guerra de tantos lados y aristas que amenaza hoy -a estas horas precisamente- con enseñorearse en las fronteras de la patria y aun más allá por razones y sinrazones que pretenden justificar lo injustificable, con argumentos falaces y terquedades absurdas que lejos de apagar los incendios los hacen más voraces y extendidos. Sea éste el preciso momento y el justo lugar, en la sobria y austera ceremonia que premia nuestros esfuerzos de estudio para renovar ante el mundo nuestro compromiso de Paz y Reconciliación, nuestra voluntad y determinación de ser fieles a la Verdad, solidarios y consecuentes con el resarcimiento de las víctimas y en honrar con nuestra responsabilidad histórica la encomiable y titánica labor de la Justicia.
 
Al Gobierno Nacional y sus representantes le manifestamos que agradecemos su presencia en este recinto y los invitamos a no cejar en el esfuerzo de mantener vivos los anhelos de Paz y Reconciliación, abriendo las puertas del diálogo y el consenso que hagan posible la reanudación pronta del Proceso de Paz con las ex autodefensas, que no puede ni debe quedar convertido en otro fracaso que se vaya a sumar a la larga lista de intentos fallidos por construir la Paz y la Reconciliación en nuestra querida Colombia. A quienes desilusionados con el Proceso y temerosos de las traiciones y los incumplimientos han regresado a empuñar las armas en la espera de mejores condiciones y garantías por parte del Estado, les decimos que los escenarios de Paz y Reconciliación jamás estarán agotados y que los caminos de Paz que seguimos transitando son irreversibles y alcanzarán finalmente la meta de silenciar los fusiles, todos los fusiles.
 
No compartimos la decisión de rearmarse, pero comprendemos que las protuberantes fallas de este Proceso de Paz minaron el clima de confianza y la credibilidad en la palabra y los acuerdos de la Mesa, por lo cual los invitamos a seguir reflexionando y proponiendo alternativas de construcción de Paz que encontrarán tarde o temprano oídos receptivos y garantías mínimas suficientes no solamente en su caso, sino en el de todos los demás actores armados que permanecen en actitud rebelde o sediciosa por unas u otras razones que nosotros no podemos juzgar pero estaremos siempre dispuestos a escuchar y facilitar con nuestra Gestión de Paz, para que finalmente encuentren oídos receptivos y canales que hagan posible cesar las hostilidades. No hemos dejado de tener presente ni un solo momento que Diego Martínez Goyeneche (Q.E.P.D.) nos acompaña en este día y hoy recibe aquí su Diploma junto a nosotros. Su examen ante Dios sabemos que fue aprobado. Nunca se fue del todo, aquí vive en nuestra memoria y nuestro corazón, junto a todos aquellos miles de ex compañeros que han muerto o han sido asesinados tras su desmovilización.
 
Este Diploma que hoy exhibimos felices y reconfortados es un regalo hermoso que nos hace la vida, esta vida que nos hemos juramentado en honrar para ponerla al servicio de todo aquello que por digno y pacífico, manso y altruista, hará cierto que lo aprendido no haya sido en vano, y que a partir de aquí, a partir de hoy, no habrá mejor prueba de nuestras palabras que nuestros actos. Agradecemos a la Dirección General del INPEC, a la Dirección Regional, al Sr. Director de este establecimiento, a la oficina de prensa del INPEC y todo el cuerpo de custodia por su generosa paciencia y colaboración, sin el consenso de ustedes no hubiera sido posible haber adelantado con éxito el Diplomado y la realización de esta noble ceremonia.
 
Hemos transcurrido todas las etapas del Proceso de Paz de manera voluntaria, en una sumatoria de actos de Paz que tomarán a partir de hoy la vocería, y ustedes excelentísimo claustro de profesores sabrán por ellos que no le habremos sido ingratos a la hora de poner en práctica lo aprendido, por lo que nuestro agradecimiento será eterno.
 
MUCHAS GRACIAS.

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