miércoles

"Día de Afirmación de los Pactos del Proceso Regional de Paz"

Queremos compartir con ustedes el mensaje de Perdón que enviamos los Miembros Representantes recluidos en la Picota, al "Día de Afirmación de los Pactos del Proceso Regional de Paz", que se llevara a cabo el sábado 9 de Abril en el Municipio de la Dorada - Caldas, con la presencia del Sr. Vice Presidente de la República y otras altas representaciones de la comunidad Internacional.
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Penitenciaria la Picota de Bogotá, Abril 9 de 2011

Señor Vicepresidente de la República,
Señor Obispo de la Diócesis Guaduas - Dorada,
Señor Alto Consejero para la Reintegración,
Señores y Señoras de la MAPP OEA,
Del Gobierno Real de Suecia, de la
Comisión Nacional de Conciliación, Victimas del conflicto, de los Actores Armados no Estatales del Conflicto, de las Organizaciones Humanitarias, De la Campaña Colombia Contra Minas, Alcaldes y Personalidades de la Región del Magdalena Central y demás asistentes a este encuentro.

En el día de la afirmación de los pactos del Proceso Regional de Paz, en los tan bellos y bendecidos por Dios, parajes del Magdalena central, queremos hacer llegar nuestro mensaje solidario, nuestro agradecimiento inmenso por habernos invitado a participar y concedernos un espacio en el cual manifestar nuestro acompañamiento y aplauso a la iniciativa tan noble y humanitaria, tan generosa y necesaria, que organizadores y asistentes al evento están realizando en el virtuoso camino de la construcción de la paz de Colombia y la reconciliación de su gente.

Desde el sitio de reclusión, constituidos como mesa propositiva y alentados por la voluntad inquebrantable de cumplir nuestros compromisos con la Verdad, la Justicia y la Reparación queremos manifestarles que estamos hoy de alma y corazón presentes junto a Ustedes en esta memorable jornada que convoca el espíritu de reconciliación y perdón.

Unidos con el espíritu por las características conmovedoras del encuentro que protagonizan, no podemos sino lamentarnos por estar ausentes y mucho más por sentir nosotros que somos los responsables de tantos malos recuerdos, de tanto dolor y desolación causados durante nuestra participación en el conflicto armado.
Nadie puede humanamente modificar lo ya vivido y padecido, ni Ustedes ni nosotros podemos volver atrás y anticiparnos e impedir lo que ya fue, lo que ya es parte triste y angustiosa de nuestra historia personal y colectiva, de nuestra historia como colombianos y colombianas flagelados por la maldición de una guerra que no comenzamos, que nos precedió, que nos fue legada sin quererlo, pero que no hemos sabido hasta hoy cómo acabar con ella a través del diálogo, los acuerdos y el consenso.

Sobre estas cuestiones tendríamos tanto que conversar y meditar con Ustedes, en particular con las comunidades afectadas por la violencia, con las víctimas de la guerra fratricida, con quienes han llevado la peor parte, las consecuencias más funestas, heridas sin cerrar, cicatrices sin consuelo, que duelen en el cuerpo y laceran el alma.

Sobre los hechos del pasado de triste memoria por el cual se nos señala y se nos reclama no tenemos sino arrepentimiento y por allí, por el arrepentimiento creemos que comienza un proceso de conversión, de enmienda y rectificación, que con la ayuda de Dios y la comprensión de la gente estamos transitando, sin alardes, sin gestos grandilocuentes, humillados por nuestras culpas y humildes al solicitar el perdón a nuestras víctimas, el perdón a todos los hombres y mujeres de buena voluntad que anhelan de nosotros un comportamiento y un compromiso con la no repetición, con la construcción de la Colombia en paz y reconciliada que queremos legar al porvenir de nuestras familias, al bienestar de nuestra Nación y de su gente.

De ahí la urgencia de concretar los acuerdos sobre el NUEVO MARCO DE JUSTICIA TRANSICIONAL, que indudablemente es el camino a consolidar la Paz y la Reconciliación Nacional, a través de la solución política negociada del conflicto.

No queremos extendernos en palabras, ni decir nada que sobre, que suene a hueca retorica, ni que sean las palabras, las palabras que por livianas a menudo se lleva el viento, las que carguen con la responsabilidad que corresponde a los hechos que tendremos que seguir produciendo de aquí en adelante. No tenemos ningún derecho adquirido sobre el perdón que solo nuestras víctimas y la sociedad en su libre albedrío y la intimidad de su corazón puede ofrecernos o negarnos. Sentimos que no es a nosotros, a quienes hemos sido los victimarios, a quienes nos corresponde insistir sobre el perdón que nos queremos merecer. Por esto, el perdón lo ofrecemos, lo manifestamos, lo ponemos al alcance de la comunidad entera y lo seguiremos haciendo por el resto de nuestras vidas. Pero de ninguna manera quisiéramos que nuestro ofrecimiento de perdón por nuestras culpas sea sentida por alguien, ni siquiera por uno solo, como un derecho que tenemos, y mucho menos como una exigencia que hacemos. Digamos entonces, que queremos ganarnos el perdón, que estamos trabajando y tendremos que trabajar mucho más por el perdón que quisiéramos recibir de nuestras víctimas y de Colombia. No nos alcanzarán los días de nuestra vida para seguir pidiendo ese perdón, y también, no nos alcanzarán los días de nuestra vida para poner todo nuestro esfuerzo y nuestras pocas o muchas capacidades al servicio de la causa de la solución pacífica, del acuerdo entre todos aquellos que aún hoy siguen combatiendo, siguen produciendo víctimas, siguen prisioneros de la guerra que ha sido y pretende seguir siendo la carcelera de nuestros anhelos de paz y reconciliación, del legítimo reclamo y derecho, que todos Ustedes están protagonizando hoy en La Dorada.

Y cuando decimos todos Ustedes, también decimos con la convicción y el compromiso que Ustedes merecen de nosotros, que nosotros también estamos en este momento, allí con Ustedes, porque será entre todos y con la solidaridad de todos, que lo que sembremos juntos en este día maravilloso, florecerá mañana, dará frutos buenos mañana, cuando los días y las noches serán tan maravillosos como hoy, como hoy también serán de felicidad, cuando la horrible noche haya quedado definitivamente atrás. Por esto estamos trabajando, por esto seguiremos trabajando, cuenten con nosotros, como dijo el poeta, no hasta dos ni hasta diez, sino cuenten con nosotros.

Desde lo más profundo de nuestro corazón, una y mil veces, e infinitas veces más, PERDÓN.

Muchas gracias.

RAMON MARIA ISAZA ARANGO
WALTER OCHOA GUISAO
LUIS EDUARDO ZULUAGA
ARCILA OLIVERIO ISAZA GOMEZ
LUIS EDUARDO CIFUENTES G.
JHON FREDY GALLO BEDOYA
JOSE BALDOMERO LINARES
MANUEL DE JESUS PIRABAN
EDWAR COBOS TÉLLEZ

1 comentario:

  1. Gracias por haberme dado la oportunidad de hacer la lectura del documento en el altar ante Dios y la comunicad en general que nos acompaño en esta hermosa y significativa ceremonia celebrada en la catedral Nuestra Señora del Carmen en el Municipio de La Dorada Caldas.
    Nuestros corazones están dispuestos a perdonar y a pedir perdón, lo importante es reconocer los errores y tener un cambio verdadero todo lo hacemos por amor a Dios nuestro Señor.

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