sábado

En el camino de la Paz reconocer la verdad es el primer paso y promisoria señal

EDITORIAL

Colombia, Mayo de 2011
 
 
 
El reconocimiento expreso y enfático del Presidente Juan Manuel Santos sobre que SÍ existe –y “hace rato”- un conflicto armado en Colombia no solo precisa y contextualiza los alcances de la ley de víctimas sino que fundamentalmente hace honor a la verdad de los hechos y sincera de un tajo más de cincuenta años de historia patria, donde nada resultó más nefasto que pretender negar la realidad y nada más politiquero que hacer de tal negación una bandera política que en vez de unir dividiera a los colombianos.

Además, asumir la existencia del conflicto armado interno favorece y estimula el nuevo aire que oxigena las relaciones diplomáticas con los países vecinos, así como el impulso que está dando el actual Gobierno a la consolidación de Unasur. Reconocer la existencia de los problemas es el primer paso hacia la puesta en marcha de formas de solución y no podemos negar que Colombia con su violencia de medio siglo y su estigma del narcotráfico es considerado un ‘país problema’ para la región sudamericana por la conflictiva situación interna que conspira contra la integración continental, el desarrollo económico y el progreso social de todo el área.
 
Cuando la Presidencia de Santos no ha completado aún el primer año desde su posesión sentimos con satisfacción de desmovilizados comprometidos con la Verdad, la Justicia y la Reparación, que estamos asistiendo al inicio de una gesta inédita  de sinceramiento nacional en cuyos orígenes no podemos omitir de considerar la incidencia favorable que ha tenido y sigue teniendo el proceso de Justicia y Paz cuyas dolorosas y trágicas verdades han ido horadando las barreras del miedo, de la indiferencia y de las mentiras que el ocultamiento había tendido alrededor de la naturaleza del conflicto armado interno.

Nosotros, combatientes que hemos sido hasta nuestra voluntaria desmovilización -habiendo pasado por las fauces de la bestia del conflicto que todo lo devora-, estamos convencidos que el círculo virtuoso de Colombia comienza con el primer paso, tal vez el más difícil, pero seguramente el más imprescindible: asumir como Estado, como actores armados, como población, la verdad que nos hará libres, no decirnos más mentiras, no seguir pretendiendo pasar gato por liebre, y convertirnos en voceros de la buena nueva, humanitaria y solidaria, dirigida a hacer de la vida lo más sagrado, y de su respeto el primer punto insoslayable del Proceso de Paz y Reconciliación Nacional cuya puesta en marcha vislumbramos hoy más cerca que ayer, y seguramente más  vigente y deseada que nunca antes.
 
Lamentamos profundamente que la terquedad del Gobierno anterior, en su obsesiva cruzada por  negar la existencia del conflicto armado interno no haya permitido avanzar a las comunidades, sus organizaciones civiles y la entera sociedad en la construcción de la Paz de Colombia negándose con su sectario proceder a utilizar, en todo su  potencial legitimador de la democracia y del mismo Estado, el desarme y desmovilización de las AUC, así como la de miles de ex combatientes guerrilleros.
 
Asistimos hoy a un nuevo escenario político signado por el ataque frontal a la corrupción, la identificación de los grandes problemas irresueltos de la sociedad, la política y la economía, así como la exaltación de la unidad nacional como propósito y motor movilizador de las energías latentes ansiosas de embarcarse sobre las ‘locomotoras’ del progreso y la prosperidad. En el inventario de las tareas pendientes permanece la de ganar la Paz de Colombia y hacer posible la reconciliación nacional. Sabemos que las ‘llaves de la paz’ no han sido arrojadas al fondo del mar y celebramos la actitud positiva que gobierna las intenciones y anhelos más sentidos del Presidente Santos cuando manifiesta que quisiera ser recordado como el Presidente de la Paz. Nadie mejor que el actual Presidente para diseñar y consensuar la hoja de ruta que permita ampliar y profundizar la democracia colombiana con la inclusión de aquellos que están dispuestos a ocupar dentro de la ley y sujetos al régimen constitucional los espacios de representación y poder que les permitan defender sus ideas, sus proyectos, su visión de país y sociedad. Estos propósitos orientaron nuestra voluntad de decir ¡adiós a las armas! y cambiar la lucha armada por la lucha política, la cercanía de la muerte por el disfrute de la vida, la milicia y su rigor por la familia y su amor.
 
Por eso, queremos decirle al Señor Presidente Santos y a Colombia entera que cuenten con nosotros, los desmovilizados comprometidos con el éxito final del entero proceso con las autodefensas en sus componentes judiciales y políticos. Tanto los que estamos en Colombia, como los que están allende las fronteras, honrando la Verdad, la Justicia y la Reparación, al tiempo que seguimos perseverando, persistentes y acuciosos, para que podamos ingresar muy próximamente a la fase decisiva donde sean finiquitados los acuerdos políticos para la exitosa conclusión del proceso cuya génesis se remonta al cese de hostilidades unilateralmente declarado a partir del 1 de diciembre de 2002 por las hoy ya extintas AUC.

Todos los procesos de paz ensayados en Colombia han dejado huellas y experiencias, unas favorables otras desfavorables, un auténtico capital de conocimientos que debe ser ahora volcado en favor de abrir el camino hacia la paz definitiva por la que ya los colombianos hemos pagado un precio demasiado alto, contrayendo una deuda infinita con tantas víctimas, con tanta tragedia humana, con tantos inocentes cuyo dolor eleva un clamor de justicia y nunca más violencia cuyo reclamo no pueden seguir ignorando ni el Estado ni los alzados en armas.
 
Celebramos el reconocimiento de la existencia del conflicto armado que ha hecho el Señor Presidente Santos y lo consideramos un hecho político de incalculable magnitud: marca un hito destinado a jalonar la convocatoria que esperamos no demore más allá de lo estrictamente necesario y signifique el tañido de las campanas de la Paz y la Reconciliación llamando a silenciar los fusiles, todos los fusiles, y desarmar las palabras y los espíritus, todas las palabras y todos los espíritus, sin discriminaciones y sin exclusiones.
 
Comité Editorial

1 comentario:

  1. Ojalá.. a ver si por fin los Colombianos conocemos la verdad de este eterno proceso. Me di cuenta que ya tenían la logística lista para los que están en EEUU. Pero hasta el momento han sido paños de agua tibia, hay que conocer a gradnes rasgos en qué consisten estos asuntos

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