domingo

Nuestra Opción Política es por la Paz y la Reconciliación

EDITORIAL

Colombia, Julio de 2011


Se cumplirá el próximo 7 de agosto un año en la Presidencia del doctor Juan Manuel Santos quien ha logrado durante esta primera parte de su gestión caracterizar con su talante conciliador el proyecto bandera de afianzar la Unidad Nacional. El tiempo histórico que atraviesa Colombia es un período signado aún por la persistencia del conflicto armado y su violencia, pero también beneficiado por síntomas halagüeños que prefiguran en la continuidad de los procesos de Justicia y Paz, y la dignificación y resarcimiento de las víctimas, los pasos alentadores que la sociedad aplaude en dirección de la paz y la reconciliación.

Son tiempos arduos y conflictivos donde avances y retrocesos evidencian a propios y extraños que los desmovilizados transitamos senderos inciertos orientados muchas veces solo por actos de fe y buena voluntad, sin más seguridad física y jurídica que aquella que los guardianes defensores de la Vida y los hacedores de auténtica Justicia administran con pulcritud y esmero en amparo de los derechos humanos y constitucionales de quienes abandonamos las armas definitivamente y abrazamos la causa de la paz y la reconciliación, no solo como una actitud y compromiso humanitario sino también como una manifestación política acerca del país que anhelamos y visionamos como necesario y posible.

A partir del presente ciertamente atribulado por tanto pasado de horror que pesa sobre nuestros hombros y conciencias, también es cierto que en el horizonte se extienden objetivos y metas que imaginariamente se suceden como causas y efectos a realizar en el futuro que nos espera cuando se vayan cumpliendo las etapas que se comenzaron a delinear en nuestras vidas de sobrevivientes de la guerra como consecuencia de la desmovilización que hoy reconocemos como el acontecimiento más acertado, trascendente y decisivo de nuestra vida. Porque si tomar las armas fue en su momento una reacción desesperada y a todas luces equivocada, un error fatal y tremendo del que estamos avergonzados y arrepentidos, y por el que no nos cansaremos de pedir perdón, la decisión de desmovilizarnos y comparecer ante Justicia y Paz fue una decisión meditada, acariciada y profundamente emanada de nuestras almas para permitirnos regresar al seno del hogar y nuestras comunidades, al trabajo fecundo, al estudio de tantas maravillas que permitirán a Colombia ser un país de gente próspera y feliz.

Entre nosotros desmovilizados seguramente habrá quienes, provenientes de las autodefensas y de las guerrillas, querrán incursionar en el campo del servicio comunitario y la actividad política, impulsando ideas y proyectos nacidos del conocimiento en vivo y en directo, sobre el terreno, de las inclemencias sociales y las complejidades territoriales, aplicando capacidades y liderazgos, frutos y consecuencias de tantos años de participar en sociedades regionales acosadas por la violencia y la inequidad, las injusticias y las carencias, la falta de educación y de trabajo, los cuerpos sin sanidad, las almas sin consuelo, los hermanos peleando contra hermanos, las víctimas llorando a sus muertos. La conciencia social de los seres humanos ha encontrado siempre en las grandes dificultades y las tremendas injusticias una fuente inagotable de ideas y proyectos que pugnan por salir a la luz pública para generar adhesiones, apoyo, suscitando creatividad, emulación y compromiso con las causas más nobles de la humanidad.

Es por estas razones que aplaudimos el espíritu y práctica de la Unidad Nacional y estamos acompañando entusiastas todas aquellas iniciativas que siembran en los corazones y alientan en las mentes colombianas la necesidad de abrir anchos caminos hacia el diálogo con todos aquellos que persisten en la lucha armada y en la ilegalidad criminal, amparados en la falacia de que ‘el fin justifica los medios’ y que segar la vida humana aplica cuando se trata de imponer ideologías supuestamente altruistas o enriquecer los propios bolsillos incursionando en negocios ilícitos y abusando de la debilidad y vulnerabilidad del prójimo.

Para nosotros como desmovilizados nos resulta indiferente que las iniciativas de diálogos y búsqueda de acuerdos y solución política, provengan de personalidades de izquierda o de derecha, de la Iglesia o de los partidos políticos, de los trabajadores o de los empresarios, a todas esas iniciativas las aplaudimos por igual y estamos dispuestos a acompañarlas solidariamente sin preguntarnos si se sienten más afines o más en sintonía con unos o con otros grupos enfrentados o actores del conflicto. Reconocemos que esta toma de posición de parte nuestra puede confundir o generar perplejidades por parte de aquellos que encasillan a los desmovilizados de las autodefensas como ‘enemigos’ políticos de las izquierdas, y a los desmovilizados de las guerrillas como ‘enemigos’ políticos de las derechas. Refutamos este tipo de apreciaciones y no las compartimos en absoluto, porque a partir del respeto de la Constitución y de las Leyes vigentes, la democracia consiste en el debate y la polémica entre las derechas, las izquierdas y el centro, y ello lejos de perturbar el funcionamiento de las instituciones republicanas las fortalece y legitima en la armonización democrática de las diferencias a partir del acercamiento respetuoso y la generación de comunes denominadores.

Tan cierto es que la paz se hace entre quienes han sido enemigos en la guerra, como que no se pueden abrir las puertas de la reconciliación si previamente no se han construido puentes de confianza entre las partes, si no se han vencido prejuicios y antipatías que originados al calor de los conflictos y las disputas debemos ser sabios y ecuánimes al momento de bajarle la temperatura a las animosidades para despertar zonas de encuentro y diálogo que permitan arribar al cabo de un proceso dialéctico a la construcción de acuerdos y coincidencias.

Lo anterior no significa ni mucho menos, obviamente, que las visiones sobre el postconflicto, o las ideas acerca de tal o cual ordenamiento social, legal o económico tengan que ser necesariamente iguales, porque son precisamente este tipo de diferencias entre tantas otras, aquellas que determinan la existencia de diversidad de partidos y agrupaciones políticas cuyas tesis difieren y hacen más rico el menú de opciones que compiten por el voto popular en la arena de la democracia.

Estamos en mora de hacer la debida autocrítica como desmovilizados sobre la poca o nula explicación que hemos hecho tras nuestra desmovilización de nuestras posiciones políticas, poca o nula claridad hemos hecho respecto de cómo estamos viendo la actualidad nacional y en particular cómo vemos desde nuestras toldas los intentos que desde distintos sectores se están haciendo para acercar a las guerrillas y el Gobierno a la mesa de negociaciones. Valientes intentos que como los de Piedad Córdoba y Colombianas y Colombianos por la Paz con Farc y Eln cuentan con todo nuestro apoyo pero sabemos y debemos hacernos cargo que no pocos sectores del país estigmatizan esas iniciativas, así como otros ven con muy malos ojos que Monseñor Vidal esté impulsando –a nuestra juicio, con mucha altura y ponderación- acercamientos con las Bacrim. El terreno que conduce desde la civilidad a los actores armados ilegales es un terreno cenagoso, plagado de obstáculos, y sin embargo debemos impedir que esos caminos se vuelvan intransitables, porque en la medida que resulten intransitables la Paz se seguirá demorando y la Reconciliación se convertirá en un imposible.

Sabemos que entre la guerra y la paz se interponen demasiados intereses de todo tipo y que por cada iniciativa de diálogos surgirán poderosos artífices de desencuentros e impedimentos pretendiendo anular los intentos. Es por esto que aun desde nuestro modesto lugar de desmovilizados y haciendo uso de nuestro derecho humano de manifestarnos políticamente -sin categoría reconocida aún de ‘ciudadanos actores de la política’- no debemos autolimitarnos exclusivamente al campo judicial sino por el contrario manifestarnos también con ponderación y sindéresis acerca de nuestra visión política del país y del contexto regional. 

Digamos desde ahora que no cesaremos nuestro llamado a las organizaciones ilegales para que entiendan y acepten que el tiempo de la guerra se acabó, que escuchen no solo el clamor por la paz sino que compartan con todos los oídos dispuestos a oírlos sus condiciones, sus dudas, sus temores, para que podamos replicar hacia el universo de los desmovilizados su pensamiento y su sentir en pos de seguir buscando caminos que conduzcan a la Reconciliación, esa es la única tarea que nos podemos trazar quienes otrora le apostamos a la confrontación armada y hoy solo pretendemos actuar desde nuestro humilde saber y entender, también desde el ámbito carcelario y solo pensando en el bien del País.
Apostamos por un proceso de Paz con las guerrillas serio y honesto con el País, por esto entendemos que el nuevo contexto de Unidad Nacional nos obliga a dialogar primero con quienes están en orillas distintas para así poder enviar un mensaje de tranquilidad a quienes como la guerrilla persisten en la lucha armada. Los nuevos "Gestores de Paz" no nacen, se hacen y nosotros estamos hechos y maduros desde hace mucho tiempo, primero cuando vivimos los horrores de la guerra, como victimarios pero también como víctimas, segundo cuando le apostamos todo por la Paz, tercero cuando el trasegar de los procesos judiciales con el compromiso de la Verdad, nos ha acercado a las víctimas y a entender su dolor, pero también a arrepentirnos por ser causantes de ese dolor.

Quienes nos hemos preparado para ser herramientas y puentes de comunicación útiles para buscar acercar a los actores que persisten en la guerra con la Sociedad y con el Gobierno seguiremos impulsando que les dispongan el espacio de diálogo y estén prestas y disponibles las llaves de la paz. Es nuestro derecho, pero sobre todo nuestra obligación.

Que nadie vea en esto ambigüedad política ni confusión ideológica, mucho menos declinación de nuestra visión de Paz y Reconciliación, todo lo contrario, se trata de manifestar con voz convencida y espíritu inquebrantable, que por encima de todo lo pasado, más alto que cualquier legítima posición política, se trata de hacer entre todos de Colombia una Democracia madura, pacífica y generosa, diversa y tolerante en sus expresiones, tan Justa en sus cimientos como Próspera para toda su gente en el campo y la ciudad.

Que quede claro entonces, quien tenga que oír que oiga: nuestra primera opción política tras la desmovilización es la Paz y la Reconciliación.

Hacia allá vamos, nada ni nadie torcerá el destino ni dinamitará los puentes hacia el porvenir venturoso que Colombia se merece. Palabra de desmovilizados, nuestro verbo es la Paz.



Comité Editorial

No hay comentarios:

Publicar un comentario