jueves

Carta a la Opinión Pública de los Miembros Representantes, Desmovilizados y Postulados a la Ley de Justicia y Paz de las extintas Autodefensas Campesinas de Colombia


CARTA A LA OPINION PÚBLICA

EN LAS CERCANÍAS DE UNA NUEVA JORNADA ELECTORAL LIBRE Y DEMOCRÁTICA, LOS DESMOVILIZADOS DE COLOMBIA ACOGIDOS A LA LEY DE JUSTICIA Y PAZ Y SOMETIDOS DE MANERA VOLUNTARIA A LA JUSTICIA, RENOVAMOS NUESTRO FIRME CUMPLIMIENTO CON LOS COMPROMISOS QUE EN MATERIA POLÍTICA CONTRAJIMOS CON EL PAÍS.

Por espacio de varios años, hasta el 2006, la dirigencia de la desmovilizada organización de Autodefensas Campesinas, había dispuesto en el marco del conflicto armado colombiano la intervención directa en los procesos electorales, con el fin de construir y consolidar estructuras de poder local y regional, mediante las cuales se allanaran caminos para lograr una genuina representación de la organización en el seno del Congreso de la República. Las todavía inconclusas investigaciones de las autoridades judiciales dan cuenta hoy, de la verdadera dimensión que alcanzó el fenómeno intervencionista de la organización ilegal en la política del país.
Este singular episodio de la historia colombiana y del conflicto armado, hoy ha doblado definitivamente la página y quedará cancelado por siempre. Nadie, desde el Estado y por fuera del mismo, podrá afirmar con sustento en pruebas fidedignas que la dirigencia de la extinta organización armada, desde las cárceles ha quebrantado la palabra de respetar el libre curso de la iniciativa democrática en las próximas elecciones del 30 de octubre en Colombia. Nuestro celo en la observancia de los compromisos adquiridos con la Justicia, la sociedad y las víctimas, es insoslayable e irrenunciable.
Exhortamos a los colombianos para que masivamente concurran a las urnas, a decidir autónomamente la suerte futura de sus municipios y regiones, sin cortapisas o presiones de ninguna índole. La Colombia de hoy, en medio de múltiples problemas y dificultades, es, sin embargo, un país diferente al de apenas hace algo más de un lustro, cuando las comunidades estaban sometidas al fuerte influjo e intervención de múltiples actores armados ilegales, entre ellos las autodefensas. Aunque muchos problemas, especialmente de índole social y económica, subsisten y golpean con mayor intensidad a cierto sector de colombianos,  es evidente que el país respira un ambiente de mayor libertad democrática, ambiente que los electores deben aprovechar al máximo.

En punto de lo anterior convocamos a los ciudadanos de Colombia para que voten libremente por sus candidatos a las distintas dignidades públicas, incluso, denunciando ante las autoridades a quienes mediante coerciones o constricciones pretenden violentar su libre derecho. En este sentido hacemos un vehemente llamado a los miembros de las guerrillas y de los denominadas “bandas criminales”, para que en un gesto de solidaridad y respeto por las instituciones democráticas del país, se abstengan de interferir el proceso electoral del 30 de octubre próximo, permitiendo que Colombia vote libre y en Paz.

¡VIVA LA DEMOCRACIA Y LA PAZ!

Miembros Representantes, Desmovilizados y Postulados a la Ley de Justicia y Paz de la:

Cárcel La Picota de Bogotá.
Cárcel de Itagüí.
Cárcel Modelo de Barranquilla.
Cárcel Las Mercedes de Montería.
Cárcel Modelo de Bucaramanga.
Cárcel Modelo de Cúcuta.
Centro de Reclusión Especial para Justicia y Paz del Espinal.


Colombia, Octubre 26 de 2011.

lunes

Carta Abierta - El Derecho a la Paz, la Justicia Transicional y los Derechos Políticos

Colombia, Octubre 3 de 2011





CARTA ABIERTA


El Derecho a la Paz, la Justicia Transicional y los Derechos Políticos




Los firmantes de esta Carta Abierta, Miembros Representantes de grupos armados organizados de Autodefensas al margen de la ley, desmovilizados en el marco de un proceso político de Paz con el Gobierno Nacional, en nombre y representación de los Postulados a la Ley 975 de 2005, adherimos a las intenciones expresadas en el Proyecto de Acto Legislativo radicado el 12 de septiembre pasado en el Congreso de la República.


Auguramos que en el tránsito por las distintas instancias en el Congreso y con el acompañamiento y aporte de la sociedad entera se configure finalmente –tras el amplio y necesario debate- el nuevo marco legal que permita que de la Justicia Transicional broten sus mejores frutos y se derramen generosamente sus efectos benéficos sobre todo el cuerpo social, particularmente sobre el que más ha sido violentado por décadas de conflicto armado.


Quienes alguna vez asumimos la guerra, no como un ideal de vida sino como una respuesta instintiva en medio del caos para salvar nuestras vidas, las de nuestras familias y proteger las regiones donde vivíamos lo hicimos inducidos por situaciones extremas productos de un medio convulsionado y plagado de errores y confusión general hasta que finalmente entendimos en nuestras conciencias que ese no era el camino y por eso nos desmovilizamos en el marco de un proceso de Paz, comprometiendo nuestro esfuerzo, de una forma decidida, alrededor de los cánones universales de justicia transicional, que ordena la no impunidad, el conocimiento de la verdad, la reparación a las víctimas del conflicto y las garantías de no repetición.


Estamos convencidos que ahora tras nuestra desmovilización podemos ser útiles a la Nación y demostrar con apego a la Ley que los Derechos Civiles y Políticos, no tienen distingo de razas, discursos o pensamientos ideológicos.


Por haber participado y cumplido en los procesos de Paz, adquirimos la experiencia y el aprendizaje para poder resaltar no sólo los errores cometidos sino también los aciertos, del proceso de negociación con el gobierno nacional, y transmitir las experiencias negativas para que no se repitan, las que han dejado un sinsabor y desconfianza sobre el proceso, no sólo por nuestra parte, si no que ha sido igualmente visto con desconfianza por las víctimas, por la sociedad civil, por la comunidad internacional, y por los actores armados que aún persisten en la guerra.


Es por ello que entendemos quizás como nadie que la confianza en la Palabra del Estado y también en la de quienes decidan desmovilizarse debe ser restablecida cuanto antes desde el marco constitucional y legal, la seguridad jurídica y la decisión política al más alto nivel de los poderes públicos para atraer hacia la Paz y la Reconciliación a quienes persisten en el campo de la guerra.


Son estas razones por las cuales no podemos dejar pasar desapercibido el proyecto de acto legislativo "por medio del cual se adiciona un artículo transitorio a la constitución política de Colombia y se modifica el artículo 122 constitucional, con el fin de darle coherencia a los diferentes instrumentos jurídicos de justicia transicional en el marco del artículo 22 de la constitución política". Destacamos allí aspectos fundamentales, cuales son el interés de desarrollar la voluntad de búsqueda de la Paz como mayor bien de nuestra sociedad así como el propósito de otorgarle a la justicia transicional un rango constitucional.


Sobre esta misma línea de pensamiento sostenemos que también debe dársele rango constitucional a una verdadera política nacional de Paz que conduzca al desarrollo de un auténtico proceso de reconciliación, que incluya a todos quienes han sido actores de este conflicto, encaminándolos hacia el logro de la Paz.


El conflicto social, político y armado conlleva causas arraigadas en elementos sociológicos, económicos, políticos, territoriales, que deben solucionarse o hallar principio de solución para poder comenzar a construir la Paz. Ante este cúmulo de intereses en pugna y actores participantes del conflicto es realista y conducente a las soluciones pacíficas que en el Proyecto de Acto Legislativo se le quiera dar la posibilidad de tener capacidad de participación política a quienes se hubieran desmovilizado en virtud de procesos de Paz, situación que de no propiciarse constituiría una negación no sólo de un derecho humano fundamental, como el derecho a la participación política sino en una clara exclusión social, haciendo imposible la participación política, de las personas que han expresado su voluntad de Paz, han desistido definitivamente de la guerra como opción política, y han abrazado la democracia, cumpliendo plenamente con las exigencias de la convivencia en sociedad.



Hacemos una invitación a la sociedad, a la comunidad internacional, al Congreso Nacional en su más noble función cuál es la de Poder Constituyente, para que se le dé el alcance que realmente requiere este novísimo acto de reforma constitucional, en la medida en que sea el motor fundamental de la desactivación definitiva del conflicto armado en Colombia, e inicio de la transformación de nuestra sociedad en lo que realmente debe ser: una sociedad en Paz.


Cuente la democracia de Colombia, sus ciudadanos y sus autoridades, con nuestro compromiso firme y nuestra determinación intacta de honrar las obligaciones adquiridas como postulados ante Justicia y Paz, y también con nuestro aporte y colaboración desde las experiencias vividas y los conocimientos adquiridos a la construcción del marco legal que la Paz de Colombia exige y los hombres y mujeres de Colombia merecen tras décadas de violencia y agravios a sus derechos humanos y sociales.





DIOS BENDIGA A COLOMBIA.




MIEMBROS REPRESENTANTES Y POSTULADOS A LA LEY 975 DE 2005 RECLUIDOS EN LOS PABELLONES DE JUSTICIA Y PAZ DE:





Cárcel la Picota de Bogotá.
Cárcel de Itagüí.
Cárcel Modelo de Barranquilla.
Cárcel las Mercedes de Montería.
Cárcel Modelo de Bucaramanga.
Cárcel Modelo de Cúcuta.
Centro de Reclusión Especial para la Justicia y la Paz del Espinal.

Petición pública de perdón presentada por Fredy Rendón en la Sala de Justicia y Paz

Sra. Magistrada, señores Representantes de las Víctimas, señor Procurador, señor Fiscal;

Pido perdón:

Créanme que he pensado mucho sobre esto y esperado largamente este momento. Desde que asumí la decisión de participar en el proceso de paz con las autodefensas que adelantó el gobierno nacional, y posteriormente al retirarme de éste y asumir un proceso de paz independiente para el bloque Elmer Cárdenas de autodefensas campesinas que dirigí durante varios años, siempre pensé en el momento en que debería dirigirme a todas aquellas personas que fueron víctimas del bloque que lideré, dando la cara ante la justicia y ante ellas, y pedir perdón por todas estas situaciones que las llevaron a ser afectados, tanto en su vida, la salud, física y psicológica, su entorno social y en sus patrimonios, por los hechos cometidos en su contra.

Me ha inquietado fundamentalmente el tema del perdón. He leído al respecto, y me he encontrado con muchos libros al sobre el este aspecto de la humanidad; unos dicen que es necesario pedir perdón, por parte del agresor o el victimario, pero también que es importante conceder el perdón, por parte de las víctimas y afectados. Otros por el contrario, dicen que es necesario pedir perdón, pero que el perdón es un acto liberal y autónomo de las víctimas, que se puede conceder o no, a su voluntad, que se otorga solo al agresor a quien a quien la víctima cree que se le merece y que se lo ha ganado. Todo lo anterior me parece muy válido y respetable, pero creo firmemente que el perdón es un acto voluntario de la víctima, y además que es necesario por parte del ofensor pedirlo y sobre todo, ganárselo.

Durante todo el proceso de Justicia y Paz he tratado de exponer, contando la verdad, todo el actuar del bloque en las regiones donde tuvimos influencia, armada, social y política. Pero nunca he tratado de justificar nuestro actuar, distinto a las razones, desafortunadas todas, que nos movieron a tantos colombianos a empuñar las armas.

Hoy pido perdón, por todo aquello que realicé, por todo aquello que realizaron los hombres y mujeres a quienes dirigí en la guerra, y le pido perdón a todos aquellas personas, hombres y mujeres, niños y niñas, ancianos, innumerables, que fueron afectadas y victimizadas por las acciones del bloque Elmer Cárdenas de autodefensas campesinas, ya desmovilizado y extinguido, gracias a Dios.

Nada puedo decir en mi favor o en el de los hombres o mujeres que me acompañaron en este destino, distinto a que nos movió un patriotismo equivocado, que hoy entendemos como un gran error, y que nuestro amor por la región y nuestro ánimo de defendernos de una agresión real, nos llevó por el camino errado, por el camino de la violencia, por el camino de la destrucción de aquello que realmente queríamos defender.

Durante toda la existencia de la organización ilegal, cometimos una gran cantidad de ofensas en contra de la sociedad e incluso de la humanidad, y entre ellas, debo reconocer con mayor vergüenza propia como ser humano y como ex comandante que el hecho multiplicado de reclutamiento de menores fue cometido por nosotros los que fuimos dirigentes del desmovilizado bloque Elmer Cárdenas, y no es posible desde ningún punto de vista justificar, ni siquiera explicar la razón de dicha conducta y por lo tanto debo y debemos pedir perdón con mayor insistencia a todos aquellas víctimas que fueron incorporados a nuestras filas siendo menores de edad y por tanto sujetos a vivir una realidad que le es velada por humanidad a los niños.
Con profundo respeto por la justicia, con profundo respeto por las víctimas, asumí en compañía de quienes fueron los comandantes del grupo que dirigí en la guerra, el proceso de búsqueda y de encuentro de la verdad. Concurrimos ante la fiscalía y el tribunal de Justicia y Paz, todos en forma voluntaria y unánime a contar la verdad, a buscar reconstruir de cara a la justicia y a las víctimas todo nuestro actuar en la guerra, a lograr encontrar la forma de encontrar a través de ella, de la verdad, el aporte fundamental que le permitiera a la sociedad y a las víctimas concedernos la oportunidad de acceder a lo establecido por la ley de Justicia y Paz.

Ha sido nuestra humilde forma de acercarnos un poco a las víctimas, pidiendo y buscando su perdón, que de antemano sabemos que no vamos a lograr, toda vez que es imposible, por mayor esfuerzo que hagamos y toda la voluntad de que en ello queremos poner, disminuir su sufrimiento, atenuar su dolor, devolver una sola de las vidas que quitamos en este trasegar de guerra, ni reparar integralmente los daños que con ello hicimos.

El proceso de Justicia y Paz, de quienes integramos el bloque Elmer Cárdenas de autodefensas campesinas no ha sido visto por nosotros de otra forma distinta a un proceso de reconciliación, con las víctimas, con la región, con el país y con la humanidad. Así lo hemos querido llevar, para reconciliarnos, para poder algún día volver a nuestras regiones y poder trabajar hombro a hombro con aquellas personas a quienes ofendimos un día, pero que esperamos nos aceptarán nuevamente en la sociedad, transformados en seres humanos útiles y maduros para la paz.

Un libro llamado “los límites del perdón” de Simón Wiesenthal, conocido en la historia como el implacable cazador de nazis, criminales de guerra de la Segunda Guerra Mundial, me ha llamado la atención. Hace un relato el autor, sobre un hecho en el cual fue llamado por un nazi que había sido su victimario y el asesino de muchos de sus compañeros en el campo de concentración donde fue retenido durante varios años, que en su lecho de moribundo lo emplazó a él para qué le otorgara el perdón por todos los hechos a través de los cuales había victimizado a los judíos prisioneros bajo su control. Wiesenthal, no lo perdonó, y el libro narra todo el ejercicio mental que hizo para resolver la petición del moribundo, sin otorgar su perdón. Pero más importante aún, es que al final del relato convoca a una serie de personas, en su gran mayoría víctimas de persecuciones, a lo largo y ancho del mundo y les hace la pregunta: en este caso, ¿usted qué haría?

Excepto dos o tres personas que dudan acerca de otorgar el perdón, la gran mayoría de los consultados responde que no perdonarían, y muchos expresan términos muy duros, que a uno, desde la posición en que me encuentro hoy frente a ustedes resulta muy duro y doloroso leer esos comentarios.

En tal medida entonces pido perdón, en mi nombre y en nombre de todas las personas a quienes dirigí. Finalmente, como corolario de todo lo anterior quiero traer unas reflexiones del doctor Héctor Abad Gómez, recogidas en mis lecturas pero que considero pertinente plantear las a efecto de dar a entender el real alcance de mis palabras.

"¿Tendrá salida este país? La violencia, el crimen, el desorden, la pobreza. ¿Qué deberíamos hacer? ¿Qué podemos hacer? ¿Será mejor dejar todas esas preocupaciones y dedicarnos a nosotros mismos? Pero todo esto, ¿no nos arrasará a todos, finalmente?………… Si los principales recursos del país: humanos, materiales, financieros, económicos, espirituales, se vuelcan todos favorecer a esos millones de colombianos, a ese 25% de compatriotas que según nuestro actual Presidente (en 1987) viven en la pobreza absoluta, si empezáramos siquiera tener algún éxito en esta dura lucha, mejores días están por venir. Si todas las llamadas "fuerzas vivas de la nación": el gobierno, la industria, los gremios, la Iglesia, los sindicatos, las universidades, los intelectuales, los periodistas, contribuimos en todas las formas a que sea posible para ese gran propósito nacional, no habrá duda que alcanzaremos éxito. Y esta será la única forma que no tengamos que seguir lamentando la violencia que nos abruma, que nos angustia, que nos hace a veces desesperar de lo que puede hacerse aquí y ahora. Porque no es matando guerrilleros, o policías, o soldados, como parecen creer algunos, como vamos a salvar a Colombia. Es matando el hambre, la pobreza, la ignorancia, el fanatismo político o ideológico, como puede mejorarse este país."

Esto lo escribía el doctor Héctor Abad Gómez, días antes de ser asesinado por paramilitares de la primera generación de una gesta bárbara, de la cual nosotros fuimos parte de la segunda o la tercera generación y ruego a Dios que la última.

Por todas, por mis incontables equivocaciones, y por todas las incontables equivocaciones cometidas durante la guerra por las personas a quienes dirigí, pido perdón a las incontables personas a quienes ofendí, y a toda la humanidad, con la humilde esperanza de que algunas de ellas me otorguen su perdón de corazón, pero que todas ellas nos acompañen en la reconciliación nacional y en la construcción de la paz.

De nuevo, con mi mayor respeto,

FREDY RENDON HERRERA

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