martes

Todas las Voces todas por Colombia y por la Paz



Hemos recibido con júbilo las noticias que anuncian para los primeros días de abril, la tan esperada liberación de los militares y policías que permanecen cautivos hace tantos años en manos de las Farc, así como los recientes llamados públicos del Eln, a explorar las condiciones sobre posibles treguas bilaterales conducentes a propiciar espacios de diálogo. A no dudarlo se trata de señales positivas propias del nuevo clima político que se afianza en el país y facilita ahora el acercamiento de las guerrillas al Gobierno, en pos de adelantar conversaciones con actitud menos extremista y más conciliadora, de parte y parte. Simultáneamente, el presidente Santos ha insistido en la necesidad nacional de poner fin cuanto antes al conflicto armado y se ha pronunciado dispuesto a utilizar las llaves de la Paz en el momento preciso, ni antes ni después, cuando se hayan producido suficientes actos por parte de las Farc y Eln que revelen sin dejar dudas que ha madurado en los actores rebeldes, la convicción de cesar las hostilidades y emprender el camino definitivo del monte a la legalidad y la democracia.

Nos auguramos que de las buenas intenciones se pase a los hechos y no se someta a la población civil a un escalamiento del conflicto como método de fortalecer posiciones de un lado y otro como ha sucedido en anteriores procesos, de cuyos malos antecedentes sobran las experiencias acumuladas cuyas consecuencias han sido funestas y nadie quiere se reiteren. Esto explica la prevención y el escepticismo con que se han recibido en diversos sectores anuncios tan interesantes y dignos de aplauso, como la decisión comunicada por los altos mandos de las Farc de abandonar la práctica del secuestro de civiles. No debemos confundir, sin embargo, la cautela y precaución comprensibles, con la cantidad de dardos envenenados lanzados, interesados en proseguir la guerra cuya campaña de minar los acercamientos de Paz, busca sembrar en la población reacciones que presionen en contra del espíritu de diálogo.

Ante la existencia y manifestación de poderosos intereses que se oponen a la construcción de Paz a través del camino de los acuerdos y las soluciones políticas, nuestra posición como Desmovilizados de las Autodefensas y Postulados a la Ley de Justicia y Paz, es la de alentar la búsqueda incansable de comunes denominadores y acuerdos entre todos los generadores de violencia con el Gobierno, participando junto a la sociedad civil, política y el Estado, y ofreciendo nuestra colaboración como Desmovilizados para la pronta instalación en el País de un clima de entendimiento y pacificación que haga posible avanzar en la tarea de cesar el conflicto armado y desplegar y consolidar las instituciones democráticas sobre todo el territorio nacional.

Destacamos la actuación sobresaliente y eficaz que para facilitar el proceso de liberación de los secuestrados, tiene hoy y ha tenido en los últimos años el Colectivo de Colombianas y Colombianos por la Paz, en cabeza de su figura más emblemática la ex Senadora Piedad Córdoba, cuya misión humanitaria de alta sensibilidad y contenido político dirigido hacia la Paz y Reconciliación merece el reconocimiento de todos quienes trabajamos por ver nuestro País socialmente justo, reconciliado y sin resentimientos y odios. En nuestra actual condición de personas privadas de libertad en las cárceles, no podemos sino agradecer la preocupación evidenciada por Colombianas y Colombianos por la Paz, referida a todos aquellos que padecemos condiciones deplorables y de manifiesta inhumanidad en condiciones que poco y nada ayudan a la resocialización, la reinserción y la educación para la libertad.

Si la realidad de la guerra es terrible y su perduración una tragedia que clama al cielo, no se nos escapa que el periodo de los diálogos y los acuerdos, así como el post-conflicto al que aspiramos no serán etapas sencillas de transitar, por lo que urgimos desarmar las palabras y deponer los enconos y las disputas originadas en décadas de desencuentros y violencias que se encendieron infinitas veces por desafortunadas expresiones verbales y destempladas descalificaciones y estigmatizaciones motivadas por intolerancias y agresividades cuyo efecto polarizador y discriminatorio ha resultado devastador.


Es hora ya de unir todas las voces por la Paz, comenzando por quienes hemos ocupado por azares del destino orillas diferentes y enfrentadas y sentirnos ahora más que nunca hermanadas y hermanados por el mismo río de la vida, donde las aguas del destino nos conducen a puertos más venturosos y futuros nunca más ensombrecidos por malévolos designios de quienes se lucran de nuestra sangre, de nuestro sudor y nuestras lágrimas.

Celebramos que la inminente liberación de los cautivos y los nuevos aires favorables que presagian próximos diálogos de Paz, coincidan con el hecho excepcional que en Cartagena de Indias se reunirán el 14 y 15 de abril, 34 Jefes de Estado y de Gobierno en la Sexta Cumbre de las Américas. Hacemos votos porque La Paz de Colombia no esté ausente cuando allí se defina el rumbo de la agenda hemisférica de los próximos tres años. También confiamos que esta ocasión sirva de puente para estrechar los lazos de hermandad que hagan posible que todos los países de América –incluida Cuba- estén presentes dentro de tres años en la próxima Cumbre.

El largo conflicto armado colombiano y la exclusión de Cuba han tenido en su origen y desarrollo raíces históricas que no pocas veces se han visto emparentadas y han jalonado no sin enormes tropiezos la segunda mitad del siglo XX, entre ellos la Guerra Fría, las corrientes revolucionarias y contrarrevolucionarias, las doctrinas de la seguridad nacional y hemisférica.

Mucha sangre ha caído sobre el continente americano para que no dudemos ya a estas alturas del siglo XXI, que ha llegado el tiempo de la vigencia absoluta de los derechos humanos, la hora de los pueblos y la prosperidad social, cuando urge sanar las heridas de todas las víctimas de las guerras y las injusticias, integrar nuestros países, respetar su soberanía y vivir en Paz con dignidad, prosperidad y sin exclusiones.

Comité Editorial.

EDITORIAL

Colombia, Marzo de 2012

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