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CARTA A LA OPINIÓN PÚBLICA



La Paz con Grandeza, de Todos y para Todos



A diez años de los primeros acercamientos de paz entre las Autodefensas y el Gobierno presidido entonces por el doctor Álvaro Uribe Vélez, celebramos hoy el inicio de una nueva época en los diálogos de paz  y auguramos que el éxito acompañe al Señor Presidente Santos y los negociadores del Gobierno y de las Farc, en la difícil misión de acordar los términos del definitivo cese al fuego, así como el fin de las hostilidades que han ocasionado un sinfín de víctimas en la población civil durante décadas de conflicto armado.

El futuro de Colombia exige a todos sus hijos e hijas el advenimiento de un tiempo venturoso y pacífico, donde el silencio elocuente de los fusiles anuncie al mundo que los esfuerzos por acabar la guerra han producido finalmente el fruto largamente apetecido de la Paz y la Reconciliación.

Resulta inevitable apelar a la prudencia, la sensatez y el patriotismo de un lado y otro de la Mesa, para que los acuerdos que finalmente se pacten resulten satisfactorios para las partes y beneficiosos para el País y comprometan en su cumplimiento a los firmantes de tal manera que no originen en los próximos años controversias y disputas, donde las partes se reclamen agriamente haber faltado a la palabra empeñada. Sería deplorable para el País que ocasión tan promisoria como la que se vislumbra, no fuera aprovechada además como factor detonante de iniciativas para que Colombia acceda a poner fin simultáneamente a otros funestos focos de conflicto que han proliferado teniendo como telón de fondo el enfrentamiento entre insurgencia y Estado.

Quienes nos hemos desmovilizado en los años recientes y quienes estamos aportando también nuestro trabajo de construcción de Verdad y Reconciliación en los escenarios de Justicia y Paz, instamos se nos tenga en cuenta con nuestros argumentos y propuestas para que aportemos positivamente al Proceso de Paz integral, de tal manera que el antecedente del proceso de paz con las Autodefensas sea discutido y todas las voces sean escuchadas y todos los reclamos atendidos con el fin de arribar entre todos a la mejor solución, al mejor acuerdo entre las diversas partes del conflicto, de manera de dar cabida a la más completa representación del cuerpo social afectado por la violencia sin discriminaciones ni exclusiones que viciarían el resultado final y mermarían los efectos benéficos que se desprenderán para el País de una paz acotada, limitada a algunos actores, que deje a la deriva y sin solución a otros.

No ignoramos que así como la guerra es la continuación de la política por otros medios, la paz también es el fruto de la argumentación y el equilibrio de los contrarios en el común sometimiento a la voluntad democráticamente expresada y el imperio de la Ley. Nos manifestamos de cara al País no como un gesto retórico vacío de sustancia, sino convencidos que así como la guerra no es para tomar a la ligera sino que constituye una tragedia nacional a la que urge acabar, nunca la paz es un pasatiempo frívolo de entrega de las armas sino un período crucial donde todas las fuerzas positivas de una Nación deben confluir y hacerse escuchar para fundar la Paz que queremos construir sobre cimientos sólidos donde todos podamos sentirnos seguros y confiados.

Quienes hoy estamos definitivamente desmovilizados tras nuestro aciago batallar en el conflicto y después de habernos sometido voluntariamente a un proceso de Paz, reconocemos como lastres a superar sus errores y contradicciones, y como virtudes a emular sus aciertos, asumiendo concreciones y también asignaturas pendientes en la Mesa que ansiamos revivir y llevar a buen puerto, y consideramos nuestra obligación, en esta Hora de Esperanza a la que asistimos como colombianos que queremos la Paz de este País, poner nuestras cartas sobre la Mesa y manifestar que Colombia puede contar con nosotros, con nuestra voluntad inquebrantable de recibir con los brazos extendidos a los guerrilleros que decidan desmovilizarse, para darles la certeza que pueden contar con nosotros para construir de la mano el País que soñamos. Pero también, con la misma sinceridad, queremos decir al País que no queremos ser ciudadanos de segunda, discriminados y disminuidos en nuestros derechos humanos y políticos por habernos desmovilizado como autodefensas y no como guerrilleros. Esto no sería justo, no contemplaría la igualdad de derechos entre combatientes que fuimos de lado y lado, y sembraría la duda sobre la naturaleza de los marcos jurídicos y políticos acordados entre Gobierno y guerrillas, y dejaría en miles de desmovilizados y millones de compatriotas el sabor amargo del distinto rasero utilizado.

Insistimos: como desmovilizados de las Autodefensas nuestra prioridad es la paz y la reconciliación. Nuestra desmovilización no son palabras, no son promesas, son hechos, incontrovertibles, contundentes, así como nuestra postulación voluntaria a Justicia y Paz, y el aceptar a rajatabla el marco legal que dispuso el Congreso de la República y aprobó la Corte Constitucional.

Celebramos con júbilo y expectativas optimistas que la ronda de conversaciones entre Gobierno y Farc, con el Eln también, alcance las metas que todos los colombianos nos auguramos, y reiteramos que Colombia entera puede contar con nosotros los desmovilizados de las Autodefensas para seguir construyendo con todos y entre todos la Paz y la Reconciliación sin exclusiones ni discriminaciones.

Las víctimas del conflicto de todas las organizaciones inmersas en el mismo, también nosotros los desmovilizados de las Autodefensas, nuestras familias y nuestras comunidades, queremos sentirnos amparados por el Marco de Paz que se va a estructurar y dejar en firme, dotados también nosotros de seguridad jurídica, munidos de los mismos derechos y las mismas obligaciones, iguales ante la Ley y la Constitución.

El conflicto armado nos arrancó de nuestro hogar inmisericordemente, nos envolvió en las tinieblas de una guerra fratricida y absurda, nos puso fuera de la Ley y finalmente nos enseñó que la guerra no es el camino, que la muerte no es la solución. Hace ya diez años, en 2002, voluntariamente volvimos a retomar el camino de la Paz, abandonamos la guerra, nos desarmamos y desmovilizamos, pusimos nuestras mejores fuerzas al servicio de la verdad, la justicia, la reparación. Permítasenos entonces, humildemente, recuperar en igualdad de condiciones con quienes nos enfrentamos en la guerra los derechos y las obligaciones que la civilidad nos conceda. Nos juramentamos en honrar esos derechos y esas obligaciones de tal manera que de nosotros diga la Historia: se comprometieron con Colombia y le cumplieron a Colombia, abandonaron para siempre las armas y la violencia y honraron su palabra con su comportamiento. No fueron ángeles pero tampoco fueron demonios, se equivocaron gravemente al convertirse en guerreros, pero supieron acertar y decir basta al crimen y la violencia, rectificaron y fueron hasta el fin de sus días hombres y mujeres de bien, hombres y mujeres de paz.


MIEMBROS REPRESENTANTES Y COMITÉ DE PRESOS POLÍTICOS DE LAS AUTODEFENSAS DESMOVILIZADAS

COMITÉ EDITORIAL

La Picota Bogotá, Septiembre de 2012

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