lunes

Intervención Entrega Monumento a las Víctimas de los Montes de María













Discurso de Edwar Cobos Tellez leído en el acto de entrega del Monumento a las víctimas de los Montes de María

A la generosa tierra de San Juan de Nepomuceno y María la Baja, a sus veredas bendecidas por paisajes de ensueño, soles y lunas de legendario encanto, hemos venido hoy, desde distintos rincones del País, a reunirnos en este encuentro de víctimas y de otrora victimarios, cobijados por la soberana Justicia en memoria por los caídos. 

Al pie del emblemático Monumento que desde hoy nos acompaña e ilumina, me confieso conmovido hasta lo más hondo de mi alma, por la vitalidad campesina y laboriosa que brota de la noble materia que talló el artista con su genio creativo y pacífico. Con su bondadosa imagen, trabajadora y generosa llegó el campesino en su mula con su carga de ñame, como un Cristo presente que anda los caminos de estos tiempos y estos campos, entre violencias, miserias e injusticias, predicando la buena nueva de la Paz y la atención que necesitamos, tocando a la puerta de sus casas con la voluntad de echar raíces, dar buenos frutos y quedarse a vivir aquí entre ustedes como testimonio y reclamo de Verdad, Reconciliación y Justicia. Quiere ser el Monumento, un homenaje a la Vida que es todo lo que somos y llevamos dentro. Quiere ser un manifiesto en favor de la Memoria por los muertos que nunca debieron haber muerto. Quiere ser una invocación al Perdón como signo de encuentro y Reconciliación, entre quienes estamos necesitados de pedir Perdón y quienes tienen en sus corazones la llave de perdonar. 

La inscripción que leemos en el Monumento dice textualmente: “Eterna la Memoria, Sagrada la Vida, Divino el Perdón”. Pasarán los años, pasarán las guerras, y nuestros hijos, y los hijos de nuestros hijos, al detener su paso ante el Monumento podrán cerrar sus ojos, silenciar sus oídos, serenar sus mentes y al recordarnos, oír en el latido de su corazón las voces de las generaciones pasadas, también la nuestra, que padecimos e hicimos padecer los horrores de la guerra pero supimos finalmente legarles en heredad el inmenso don de la Paz.

Como ya lo hicimos el 18 de enero de 2012, con la emoción a flor de piel y el corazón henchido de sincero homenaje y sentido reconocimiento por quienes hoy no están presentes físicamente, por todos aquellos que fueron asesinados sin ninguna justificación ni razón precisamente aquí, desgraciadamente aquí, en estos bellos paisajes de los Montes de María hace más de trece años, hermanas y hermanos campesinos y compatriotas cuyas almas nos acompañan por siempre y viven y seguirán viviendo en el sentimiento de todos aquellos que nos hemos propuesto No olvidar, No olvidar, No olvidar.

Por todas sus almas solicito de todo corazón un minuto de respetuoso silencio y al finalizar el minuto de silencio un fuerte, fortísimo aplauso que llegue hasta el Cielo donde seguramente están aquellos mártires cuya sangre jamás debió ser derramada ni su inocente vida sacrificada ante el altar ignominioso de una guerra oprobiosa.

El proceso de Justicia y Paz es un proceso arduo, extenuante, por momentos exasperante, cuyos frutos se van produciendo al andar, a cuentagotas, no sin vencer uno a uno grandes obstáculos, no sin recibir agrias recriminaciones, inmisericordes críticas, haciendo frente con decoro y paciencia a enormes escepticismos y cínicas descalificaciones. Sin embargo y pese a quien le pese, víctimas y victimarios –bajo el amparo de la Justicia y sus dignos y esforzados representantes- estamos haciendo historia de la buena, estamos produciendo un hito inédito del cual somos testigos y protagonistas, y que marcará con letras de molde un antes y un después insoslayable en los Procesos de Paz que se adelantan actualmente. Los victimarios con arrepentimiento sincero y humilde solicitud de Perdón, las víctimas con entereza y generosidad al perdonar, estamos jalonando e invitando con nuestro ejemplo a que quienes se empecinan en seguir combatiendo y matando cesen de hacerlo, cesen esta guerra fratricida que nos sigue asesinando, guerra que ha producido desgracias tan lamentables e irreparables como las del 11 de marzo de 2000, precisamente aquí, aquí donde hoy nos hallamos bajo la mirada tutelar de estas bellas montañas de los Montes de María, con el firme compromiso de Nunca más la guerra, Nunca más la muerte.

No espere nadie que de mis labios salga ninguna palabra que pueda ser interpretada como un asomo de justificación de lo injustificable, ningún atisbo de explicación que pretenda atenuar la gravedad y desproporcionada alevosía de lo aquí sucedido hace más de trece años. No me lo perdonaría yo y no me lo perdonarían mis hijos que pudiera siquiera rozar con alguna frase desafortunada el sentimiento de pesar y de vergüenza que me produce en el alma recordar el vía crucis de tantos campesinos y campesinas inocentes, cuyas vidas destinadas a vivir fueron truncadas en una hoguera de pasiones desbordadas por la fiebre delirante y contagiosa de una guerra que jamás debió comenzar, y que una vez desatada solo debe ser apaciguada, detenida, ella sí truncada desde la raíz de sus causas más profundas y sus consecuencias más dolorosas.

No considero necesario repetir hoy íntegramente lo expresado en Rosa de Mampuján, ante ustedes en nuestro primer encuentro. Todo lo dicho entonces permanece vigente. Las palabras están frescas aún y no quiero abusar de su paciencia y generosidad al dispensarme el uso de la palabra. Si hoy he puesto énfasis en la necesidad de recuperar y conservar como patrimonio de todos la Verdad y renovar el propósito de No olvidar, no es porque aliente de alguna manera el mantener abiertas las heridas. Todo lo contrario. Necesitamos todos, necesita el departamento, necesita Colombia entera, toda nuestra gente, sanar y cerrar las heridas, sanar y abrazarse con quien pudo ser su adversario, cesar los agravios y las ofensas, fortalecer el derecho de vivir y crecer en Paz. La memoria de lo sucedido y el aprendizaje y sanación consecuente impedirá que la trágica historia se repita, impedirá que sigan apareciendo nuevos victimarios y nuevas víctimas.

De lo manifestado por mí, solo quisiera volver sobre lo dicho entonces en un apretado y selectivo resumen de aquel momento cuando mis lágrimas pugnaban por salir a la luz y mi corazón latía y latía con fuerza incontenible:

“No es fácil estar hoy aquí parado frente a ustedes, no hay palabras que puedan explicar lo inexplicable y mucho menos remediar lo irremediable. Las medidas de Reparación fijadas en este fallo, son solo medidas que pueden mitigar en parte el daño material causado, porque las heridas que se llevan en el corazón y en el alma, solo DIOS con su infinita misericordia y bondad podrá sanarlas o ayudar a llevarlas en Paz consigo mismo en el duro trasegar de una vida llena de hermosos recuerdos con quienes hoy ya no están.”

“Me comprometí como muestra de la Reparación Simbólica o Moral y así está consignado en el fallo, con la elaboración de un Monumento como símbolo de recordación permanente a las víctimas de los hechos aquí acaecidos, que sirva de homenaje póstumo a quienes hoy ya no están y también como homenaje a las Familias desplazadas, que sea un sitio de recogimiento espiritual, de visita permanente para ofrendar a los ausentes y de encuentro fraternal de quienes muy seguramente harán de nuevo de este lugar una Comunidad de Paz y de Amor, como lo era 13 años atrás.”

Aquellas palabras, les decía en Rosa de Mampuján y hoy lo reafirmo con la convicción que me anima y que día tras día se fortalece: no habrá mejor homenaje a quienes cayeron durante la guerra que unir nuestros esfuerzos para construir la Paz, esa Paz que nos Reconcilie con la Vida, que nos una en el Amor, que nos bendiga con Trabajo y Prosperidad. No hay otro presente que el presente que compartimos hoy, no habrá otro futuro diferente al que sepamos realizar con hechos de Paz y Reconciliación, con manifestaciones de arrepentimiento, con ejemplos de Perdón. No son solo bellas palabras, si es el corazón quien las expresa, si nacen del convencimiento y el compromiso sagrado de honrar la palabra con los hechos.

Sea entonces este el momento propicio para destacar que de las palabras debemos ahora sí todos dar paso a los hechos, que no los hay pequeños ni insignificantes, todos deben conducirnos del presente frágil al futuro consistente que anhelamos. Que sepamos todos sin exclusión estar a la altura de los acontecimientos y de las necesidades y metas que nos hemos propuesto satisfacer.

Señoras, Señores, Jóvenes y Niños víctimas de Mampujan, Las Brisas, Haya, Pela el Ojo, San Cayetano, Yucalito y todas las Veredas vecinas de los Municipios de María la Baja y San Juan de Nepomuceno afectadas con nuestro accionar, con humildad y sinceridad les pido una y mil veces Perdón, Perdón por todo el daño causado, Perdón por haber sido instrumento de la guerra, Perdón, sinceramente Perdón por todo lo sucedido que jamás debió suceder.  Créanme que seguiré luchando por alcanzar el Perdón de ustedes algún día, como no descansaré de trabajar por la Paz y la Reconciliación entre los hermanos Colombianos, buscando con mis acciones presentes y futuras garantizar la NO Repetición de los hechos sufridos por las comunidades, como así mismo con ello lograr el Perdón de DIOS.

A trece años de la tragedia que hoy nos tiene acá, por la que no me cansaré nunca de pedir Perdón, el Perdón de las víctimas y el Perdón de Dios, reitero enfáticamente que a más de ocho años de mi desmovilización, a más de ocho años de mi abandono de las armas, mi decisión de seguir insistiendo en los caminos de Paz permanece incólume. Mi voluntad de sumarme incondicionalmente a los esfuerzos que en tal dirección se promueven desde el Alto Gobierno, me mantiene alerta a todo llamado que responda auténticamente al clamor de Colombia por la Paz.

Sostengo que no se trata de rememorar lo sucedido el 11 de marzo de 2000 solamente como algo del pasado nefasto cuyo recuerdo yace en las páginas luctuosas de la Historia, sino que también lo considero un signo viviente de los tiempos pasados que ilumina el presente y los caminos hacia el futuro que nos debemos, que nos invita a construir el País y la sociedad que soñamos, esa Colombia rural y urbana donde nuestros hijos se formen e instruyan como ciudadanos de bien y no sigan reproduciendo las condiciones que en el pasado y hoy todavía impulsan a tomar un fusil, a matar y morir por una causa u otra.

Mientras persistimos en el esfuerzo por mitigar las consecuencias del pasado, alzo mi voz al Cielo  desde los bellísimos Montes de María a fin de que tanta experiencia dolorosa y triste, acumulada por todos nosotros en los aciagos tiempos de la guerra se transmute en savia redentora que nutra los espíritus en pos del Perdón que nos Reconcilie, y que superando los escollos y afrentas del pasado todos nuestros muertos resuciten a la vida, esa vida eterna e infinita, por la cual sean nuestros actos y nuestros pensamientos el mejor homenaje, la mejor e inolvidable compañía que venza la nostalgia y la melancolía por tanta ausencia inmerecida.

Concluyo esta intervención con una breve oración que desde lo más profundo de mi corazón y con la bendición de Dios quiero compartir con todos ustedes:

“Te pido Dios mío que nos ayudes a construir nuestras vidas en el amor y la comunión de nuestras almas, que nos des la salud física y espiritual, que no nos falte el sustento del cuerpo y del corazón. En especial te pido que no nos falten Tus orientaciones, directivas e intuiciones a fin de hallar finalmente el camino que nos lleve a permanecer siempre muy cerca de nuestros seres queridos, en el remanso de la Paz personal y familiar.

Te pido todo esto para que pueda lograrse de manera perfecta, en armonía con todo el mundo y en estado de gracia. Por nuestras intenciones y las de nuestros seres queridos, por todos aquellos que anhelamos la Paz de Colombia, para que Dios nos ilumine y reconforte hasta conseguirla. Que ya no existan el tú, ni el yo, ni el ellos. Que todos seamos sencilla y solidariamente nosotros, nosotros y nuestros muertos, nosotros unidos por la vida que es memoria y futuro, arrepentimiento y Perdón. Te doy gracias Dios mío porque ya nos has oído.”


“Eterna la Memoria, Sagrada la Vida, Divino el Perdón”


Muchas gracias.



San Juan de Nepomuceno - Bolívar, Octubre 28 de 2013.



martes

“Definitivamente consideramos que no valió la pena”

Por Toño Sánchez Jr.

Como un aporte a la búsqueda del perdón y la reconciliación publicamos esta entrevista con el Postulado de Justicia y Paz, Edward Cobo Téllez, ‘Diego Vecino’, ex comandante del Bloque Montes de María de las desmovilizadas Autodefensas Unidas de Colombia, que le concedió al periodista Toño Sánchez Jr. para el Programa  Semblanzas.




¿Valió la pena tanto derramamiento de sangre en Colombia por esta causa?
Que pregunta tan complicada. Definitivamente no. No, quienes equivocamos el camino y nos marginamos de la Constitución y la Ley, y a través del conflicto y de nuestra participación en el mismo, fungimos tanto daño en comunidades y poblaciones enteras. Con unos propósitos y unos ideales de lucha anti subversiva y el derrotar y expulsar de esas regiones ese yugo opresivo de las guerrillas comunistas. Definitivamente consideramos que no valió la pena. Que tanto daño causado no tiene justificación y que hoy solo invocamos al Dios todo poderoso para que pueda sanar tantas heridas y corazones lacerados por tanta violencia, y si algo tal vez valió la pena, fue el haber hecho el tránsito a la desmovilización y dejación de armas, y haber desactivado una organización tan poderosa como fueron las Autodefensas Campesinas en Colombia. Desactivarlas del conflicto, creo que ese ha sido el gran aporte y el gran ejemplo en temas de reconciliación y de paz que hemos aportado quienes en otrora dirigimos a la extinta organización de Autodefensas.

¿Por qué un apacible ganadero, que era usted, trabajador de clase media, de los santanderes, termina en las AUC?
Esa es una historia larga que se la resumo, Antonio, diciendo que hubo una identificación ideología, con los propósitos políticos y sociales de la extinta organización de Autodefensas y que está basado en el abandono del Estado. El gran o el mayor responsable del conflicto en Colombia ha sido el abandono del Estado. Quienes como ciudadanos nos vimos inmerso en un conflicto del que éramos totalmente ajenos, y el conflicto y la violencia tocó las puertas de nuestras casas y se metió en nuestras casas para arrebatarnos seres queridos y hacernos daño en carne propia, ante la ausencia de Estado; pues equívocamente algunos pensamos que debíamos ejercer esa defensa, de esos intereses esenciales o fundamentales como lo es la propia vida, la nuestra y de sociedades enteras.

El movimiento de las AUC nació y fue netamente antisubversivo, pero quedó en manos del narcotráfico, ¿por qué?
Yo discreparía un poco del planteamiento de su pregunta. El movimiento de las AUC nació, se desarrolló en medio del conflicto y se desmovilizó con un solo objetivo y propósito, que fue la lucha antisubversiva. Ese era el objetivo principal y esa era la esencia y naturaleza de las Autodefensas Campesinas en Colombia. Que en el decurso de la guerra y en el curso del conflicto, la Organización se vio abocada a recurrir a la a la economía ilícita proveniente de las distintas fases del narcotráfico, como lo son los cultivos, las áreas de procesamiento y las áreas de salidas de alijos de droga al exterior, esa es una realidad, una lamentable realidad que no ha sido ajena a las diferentes esferas de la sociedad colombiana. El narcotráfico ha penetrado las diferentes esferas de la sociedad colombiana. En Colombia se dijo que el narcotráfico ayudó a elegir presidentes, filtró o penetró instancias de la justicia, de las Fuerzas Militares, la Política Nacional y la misma economía nacional estuvo durante muchos años penetrada y basada en esos dineros del narcotráfico. El conflicto no era la excepción, no iba a ser la excepción, menos un conflicto irregular donde los límites son muy difíciles de proponer y de colocar. El conflicto no fue ajeno, desde hace más de 25 años, hay que decirlo, se ha convertido en el combustible principal que alimenta el conflicto en Colombia, sigue siendo la razón de mayor peso por la cual se ve tanta criminalidad y violencia en Colombia, y ese es un espiral de violencia que debemos de romper. Yo insisto, las AUC nació, tuvo todo el desarrollo de la guerra y llegó hasta la última de sus desmovilizaciones y dejación de armas con su objetivo principal, que era la lucha antisubversiva, que tuvo la penetración de esos dineros, es una realidad, la cual no ha sido ajena a las diferentes esferas de la sociedad colombiana.

Ahora desmovilizado, habiendo conocido esos eslabones de la cadena del narcotráfico por la guerra, ¿Cuál cree usted, que podría ser la solución al problema del narcotráfico en Colombia?
Es un tema muy complejo que indudablemente requiere del consenso de la Comunidad Internacional. Porque el flujo de dineros del narcotráfico proviene de otras naciones que son las receptoras de esos cargamentos de droga. Es un tema que el compromiso no es solo policivo ni represivo, creo que es hora de pensar en Colombia y pensar en el mundo, en una solución que vaya más allá de lo policivo, de lo judicial, de lo represivo. Yo le diría, Toño, simplemente, que con el consenso de la Comunidad Internacional es un tema urgente de acabar y romper ya con ese combustible que genera tanta violencia, desafortunadamente, para este país.

¿En algún momento usted sintió el respaldo de la sociedad civil a un movimiento antisubversivo llamado Autodefensas Unidas de Colombia?
La mayor demostración de respaldo de la sociedad y de estas comunidades apartadas del centro del país, de Bogotá que es nuestra Capital y que es de donde se maneja al país, se vio reflejado a través de los diferentes proyectos políticos y sociales, que de la mano de las Autodefensas se adelantaron. Es decir, cuando las Autodefensas llegaban a estas poblaciones y llevaban algún alivio, de alguna manera social, sin querer con esto disfrazar o tirar cortinas de humo de la violencia que se engendró, porque esa es una realidad desafortunada que la estamos aceptando y de la estamos asumiendo esa responsabilidad. El trabajo social que se hizo desde la organización nacional de las Autodefensas fue grande, puestos de salud, vías, alumbrado público, se llevó luz a poblaciones enteras, el mantenimiento de las vías era una prioridad. Y que se desarrollaran actividades culturales en las regiones, creo que todo eso logró llenar un voto de confianza y de credibilidad en las comunidades, que después se vio reflejado cuando las Autodefensas incursionamos en el ámbito de la política y de la mano de los mismos dirigentes políticos de esas mismas comunidades. Es que si usted mira los dirigentes políticos vinculados, condenados, indiciados o procesados por la llamada parapolítica, son nativos y líderes de sus mismas regiones. Algunos, que poco o ninguna oportunidad tenían, pero que de la mano del proyecto político nuestro, llegaron a tener esas oportunidades y llegaron a ocupar esos escaños. Es decir, yo creo que ahí está reflejada en gran parte lo que nosotros denominados acumulados solidarios o comunitarios, que no era nada distinto a generar una confianza y credibilidad en las comunidades para que se reflejara, muy seguramente, cuando nosotros hiciéramos tránsito por un proceso de paz distinto. Veíamos el espejo retrovisor en Colombia y lo que había sucedido con el M-19, con el EPL y otras agrupaciones, con las que en ese momento no se hablaba de una ley transicional, sino que el ejemplo y retrovisor nuestro eran procesos en los cuales se hacía la conversión de la organización alzada en armas ilegal, a una nueva alternativa política en el país.

¿Las Autodefensas buscaron a los políticos? ¿O los políticos buscaron a las autodefensas?
Nosotros iniciamos un trabajo desde las bases, iniciamos un trabajo desde y de la mano de las comunidades, enseñándoles a elegir sus propios líderes, enseñándolos a organizarse. Si usted mira la historia de muchos de estos municipios, especialmente de la región Caribe, que es de donde puedo hablar con propiedad, a los concejos municipales y las alcaldías llegaban los apellidos más ilustres de esos municipios, de las dos, tres o no más de cinco familias ilustres. Generalmente los alcaldes ni siquiera vivían en los mismos municipios, sino que vivían en la capital del Departamento. Si usted mira la historia, a través de ese trabajo empezaron a llegar a los concejos y las alcaldías unas personas oriundas de la provincia, de la zona corregimental, de las veredas, frutos de ese trabajo. Cuando ese trabajo se consolidó y se expandió hacia toda una región, es muy claro que los grandes dirigentes políticos nos buscaron. No fuimos nosotros los que los buscamos, nos buscaron porque éramos una realidad y esa realidad marcaba que estábamos ganado espacios que eran de ellos. Y de ahí fue que se dio esa transición de grandes dirigentes políticos comprometidos con los grandes proyectos políticos de las Autodefensas.

‘Don Berna’ dijo alguna vez: “Los que corrompieron a las Autodefensas fueron los políticos”. ¿Qué opinión tiene usted de esa frase?
Yo respeto profundamente las expresiones de los demás compañeros, creo que ahí hay un mensaje muy claro de lo vivido por el señor Diego Fernando Murillo Bejarano, conocido como ‘Don Berna’ y ‘Adolfo Paz’. Yo pienso que muchos factores fueron fundamentales y uno de ellos fue la penetración de sectores políticos, digamos que de mucha tradición y que tenían sus propias costumbres y mañas, y ello contribuyó, de alguna manera, a que el proyecto político no terminara como lo habíamos pensado.

Pacto de Ralito.
 ¿Qué buscaban las Autodefensas con ese llamado ‘Pacto de Ralito’?
Esa expresión es la que más ha trascendido en el país porque, entre otras cosas, quedó un documento plasmado, que firmaron las diferentes personas invitadas y quienes presidiamos la extinta Autodefensas en esa reunión. Cuatro grandes exjefes estuvimos ahí presentes. Está plasmada la intención en el mismo documento, es decir, nosotros buscábamos que cuando hablamos de refundar la patria, no era el cambio de la Constitución, era que estos dirigentes políticos que tienen una gran responsabilidad social y política con las comunidades, ejercieran verdaderamente sus funciones. Indudablemente uno de los principales mensajes nuestros era tener la disposición de avanzar en un proceso de paz. En ese entonces, con el gobierno del señor presidente Andrés Pastrana Arango, creo que durante ese cuatrienio, fueron muchas las muestras que el excomandante Carlos Castaño, a nombre de toda la Organización de las Autodefensas, de querer iniciar una mesa paralela a la del Caguán. Una mesa de negociación, porque estábamos y seguimos convencidos de que la paz se consigue cuando todos los actores armados estemos comprometidos con la misma.

¿El país se refundó en Santafé de Ralito, o se está refundando en La Habana?
Yo creo que cada una de las diferentes organizaciones, nosotros en su momento y hoy los señores de las Farc, tienen unos propósitos políticos, de restructuración del Estado y de cómo lo vemos. Aquí lo importante es que sea el Estado y la sociedad colombiana la que gane. La agenda de Ralito fue muy compleja y completa, no es lo que el país desafortunadamente conoce en su mayoría, que es el ‘Pacto de Ralito’ y el ‘Acuerdo de Fátima’, y se dice que no fue más. Pero fue una agenda muy compleja y completa que no se pudo llevar a cabo el desarrollo de la misma y que eso tomó otro rumbo distinto, eso es una realidad. Me parece, que más allá de pensar si se está refundando el país en La Habana, es que entendamos que la paz y la reconciliación se consiguen a través de los elementos vitales de la verdad, la justicia y la misma reparación. Y en ese sentido las Farc tienen que ser consciente que hay que transitar por los caminos de la verdad y la reparación, para que podamos hablar en Colombia del principio del fin del conflicto.

El proceso de las AUC y el Gobierno de Álvaro Uribe.

Algunos postulados han dicho que ustedes fueron engañados, ¿Cuál es su posición con respecto a ese proceso, esperaban algo distinto?


Yo creo que más que pensar y expresar que fuimos engañados, creo que cuando un proceso de paz fracasa, en la etapa más importante de todas, que es la reinserción, la reintegración del combatiente a la vida civil, es decir, sacar al combatiente de las trincheras de las montañas y reinsertarlo a la sociedad, al seno de su familia, con garantías y plenos derechos; obviamente también comprometido con el cumplimiento de los deberes y especialmente de la no repetición. Con oportunidades dentro del aparato productivo legal, creo que ahí gana el país. Y para nadie es un secreto, el tema de la reinserción ha sido el principal fracaso de este proceso. Tal vez en este gobierno se están dando algunas acciones y oportunidades mayores, y se está trabajando intensamente desde la Alta Consejería para la Reintegración con el tema de la reinserción. Pero cuando usted aborda un proceso se encuentra con una organización invicta, triunfante, y que estaba en el mejor momento de la etapa del conflicto, en lo militar, en lo político, en lo social, en su relación cultural con las comunidades y en lo económico. Cuando usted encuentra una Organización con ganas de avanzar, como lo hicimos con la dejación de las armas, de ponerse a disposición del Estado y la justicia, como componente del proceso político, de eso hay que hablar, el proceso es inminentemente político. Un proceso de paz no puede ser judicial, los procesos judiciales son de sometimiento a la justicia y así no se llega a la paz. El proceso es eminentemente político y con un componente de justicia transicional, el cual lo hemos transitado estos 7 largos años, pero si abandona el proceso político está perdiendo la oportunidad de conseguir la paz. La reinserción fue un fracaso, y ha sido un fracaso por lo menos en todo el inicio del proceso, después de la dejación de armas. Esas oportunidades no se dieron, el hecho que nosotros hayamos tenido como punto de la agenda el que se pudiera desarrollar el proceso de justicia transicional, con nosotros a disposición de la justicia, como ha sido, pero desde una colonias agrícolas donde se pudieran generar unos proyectos productivos agrícolas, que le generaran empleo y sustento a los desmovilizados, eso hubiera sido distinto en este proceso. Es decir, las AUC en su gran mayoría estaban integradas por hombres campesinos, que tal vez, distinto a disparar un arma, sabían sembrar una tierra, un cultivo, cuidar un animal de corral. Esas eran las oportunidades que había que brindarles, la de los proyectos productivos, pero el intempestivo llamado nuestro, el encarcelamiento y el aislamiento al que nos han sometido, llevó al fracaso a esos proyectos productivos. Y hoy, esos muchachos son los que estamos viendo reciclarse en el conflicto, es una mano de obra calificada. Hombres, que como digo yo respetuosamente, aprendieron primero a disparar un arma que ha implantar su nombre en una hoja de papel, hombres tal vez, con mejor puntería que cultura. Hoy son los que están reciclándose en el conflicto, son las llamadas bandas criminales y otros grupos que se ven hoy, que hacen parte de la violencia que sigue enquistada en esta región y el país. La reinserción ha sido un fracaso y no es un engaño para los comandantes de las Autodefensas. Fue un engaño al país. Y la sociedad colombiana es la que ha perdido con esta gran oportunidad de haber desactivado del conflicto más de 31 mil 678 hombres, dispuestos a avanzar en caminos de paz, perdón y reconciliación, con unas oportunidades y opciones de vida distintas a la guerra. Ahí se fracasó por responsabilidad del Estado y por la responsabilidad de quienes dirigían este proceso. Nosotros agitamos hasta lo último toda la voluntad, y todavía la tenemos, de retomar esos caminos para darles una nueva opción a esos muchachos que siguen a la espera. Es que se habla de porcentajes, no sé si es el 10 o el 20 por ciento de hombres reciclados a las bandas, mientras el otro 70 u 80 por ciento sigue a la espera de esa opción de vida. ¿Qué esperamos? ¿Qué esperamos, cuando vemos que seguimos desangrándonos? Ayer no más, en esta ciudad de Montería, escuchaba noticias, que en menos de 15 horas, 8 homicidios. ¿Qué seguimos esperando? Se ha enquistado la violencia con estos pueblos tan humildes, sanos y generosos con esta raza, como la raza cordobesa, de la cual me siento uno de sus hijos adoptivos.

¿Podría uno decir que las AUC ganaron la guerra, pero perdieron la paz?

Sí, definitivamente éramos un ejército invicto, ganando la guerra, creo que hemos sufrido mucho en los logros de la paz, pero no la doy por perdida, esa es la batalla final, esa es quizás la gran batalla. Y tengo la absoluta seguridad que ninguno de los hombres que hicimos parte de las Autodefensas Campesinas, comprometidos con ideales, con sus propósitos políticos y sociales, no vamos a descansar, hasta el último de nuestros días, para tratar de heredarle a nuestros hijos, y a los hijos de nuestros hijos, una Colombia en paz. Ese ha sido nuestra batalla. Hemos perdido varias batallas de la paz, pero no hemos perdido la guerra final de la paz, en el buen sentido de la palabra, seguimos dando esta pelea, esta lucha y en eso somos incansables y no vamos a perder la voluntad hasta lograr la verdadera paz y la reconciliación en este país.

¿En qué ha cambiado Edwar Cobos, desde que entró a una prisión, donde lleva siete años y que el otro año, posiblemente, se cumpla su pena alternativa? ¿Y qué implicaría su libertad?

El ser humano después de tantos años, porque estos han sido los años más largos de mi vida, entra en unas etapas de reflexión profunda, valoramos muchos más lo que tenemos alrededor, especialmente nuestra familia, eso produce cambios enormes en el ser humano. Personalmente déjeme contarle que me he dedicado a estudiar, a prepararme con otros postulados en distintas cárceles y pabellones de Justicia y Paz. En todos los pabellones desarrollamos programas educativos, hemos avanzado en el diplomado Gestor de Paz Desarrollo Sostenible y Cooperación Internacional, con el Instituto de Altos Estudios Europeos, filial de la Universidad Complutense de Madrid, España. Recibimos el patrocinio de la Comunidad Europea para ese diplomado. Después realizamos otro en nociones jurídicas básicas dentro de un Estado democrático, en este momento avanzo el Quinto Semestre de Derecho con la Universidad Ideas, con un programa que también adelanta el Inpec de manera presencial, y así otros compañeros están avanzando con otras universidades y cursos con el Sena en diferentes perfiles. Hicimos una carrera técnica de Derechos Humanos y Derecho Internacional Humanitario, entre otras cosas, como compromisos y deberes de las Sentencias de Justicia y Paz. Permanente los postulados están ocupados, estudiando, preparándose. Algunos llegaron analfabetos y hoy están recibiendo clases de universidades del país. También hay proyectos productivos desarrollados en todos los pabellones de Justicia y Paz, donde el Inpec ha logrado acondicionar espacios pequeños, pero que es como un oasis que emerge en medio de esos muros de ferro-concreto para desarrollar esos proyectos productivos. La gente trata de ocuparse y hay una ocupación de trabajo manual muy importante, con perfiles de las regiones. Los pabellones de Justicia y Paz, si bien no son el 100 por ciento, son ejemplarizantes ante la problemática y el caos que vive el país en materia de hacinamiento y los demás problemas de las cárceles. Creo que los programas desarrollados en materia sicosocial es un ejemplo que debe replicarse a toda la población carcelaria.

Aquí en Montería he encontrado las garantías necesarias para cumplir con mis exigencias en Justicia y Paz. Garantías, porque para el Fiscal, la logística y el traslado a esta ciudad se ha facilitado y ha habido una postura diligente para avanzar en este programa. Creo que en los últimos 4 meses he avanzado como no lo había hecho en los 6 años y medio anteriores. La Fiscalía implementó el Programa de Priorización, escogió 13 grandes comandantes de las extintas AUC, entre los cuales me encuentro, y estamos avanzando en esas versiones. En esta ciudad encuentro el acompañamiento de la Policía y garantías de seguridad, al contrario de lo que se pueda pensar. Aquí no solo encuentro esas garantías sino que he logrado avanzar, porque en últimas esta fue la región donde yo estuve al frente de una organización y es la región donde están radicados todos los procesos. Por lo cual, estábamos en buena hora de organizar ese proceso de desarrollo de versiones, afortunadamente el Fiscal Décimo, doctor Oliveros, lo ha entendido así y en ese sentido hemos avanzado.

Es un logro, sino, decir un milagro, estar hoy aquí a raíz de algunas situaciones que se han presentado la semana pasada con una desafortunada fuga de internos. Se extremaron las medidas de seguridad, se ha creído que yo pueda ser vulnerable aquí, y de pronto se ha hecho la intención de devolverme a Bogotá, cuando todavía no hemos terminado las diligencias de priorización, pero creo que eso lo ha venido entendiendo el Inpec, especialmente en su Dirección General en Bogotá. Porque aquí está completamente claro, de las directivas y autoridades que dirigen este centro carcelario, mi compromiso, que es total; y por el contrario, cuando he podido contribuir en algún programa académico lo he hecho, y la Fiscalía tiene claro que hemos podido avanzar.

¿Si se está diciendo la verdad en Justicia y Paz?

Si hemos avanzado en el esclarecimiento de miles de hechos, precisamente traje alguna anotación, la Fiscalía sí ha revelado información importante de los avances de decir la verdad, pero los medios no le han dado trascendencia. He participado de varios foros organizado por el Observatorio de Desmovilización, Desarme y Reinserción Nacional, que preside la doctora María Clemencia Castro, en esos foros la Fiscalía ha planteado los avances y dificultades de esos procesos. Estadísticas vergonzantes, como ex miembros de una Organización, no es para sentirse orgulloso porque aquí hay unos hechos que no debieron haber sucedido, pero que los muestro como todo lo que ha sido la generosidad de los avances de Justicia y Paz, en las Versiones Libres y el compromiso de postulados. Es que en Colombia hoy todavía, solo por dar un ejemplo, no se ha esclarecido el caso del sr Colmenares, familia reconocida en la Guajira, mire las dificultades de la justicia para resolver un hecho. Cuántos hechos duran o duraron en Colombia 20 y hasta 25 años y tuvieron que decretarse como delitos de Lesa Humanidad para poder seguir, y no se han esclarecido. Y en menos de 6 años, hay estadísticas, como el total de hechos confesados 39.546, que de la confesión parte el esclarecimiento, porque quien confiesa dice cómo, lugar, quién lo ordenó, dónde quedó el cuerpo. Las víctimas relacionadas con esas confesiones son 51.906. Se han confesado 1.046 masacres, esto es vergonzante, hablar de esto, pero lo muestro como la realidad y bondades de la verdad a través del programa de Justicia y Paz. 25.757 homicidios, estos son hechos esclarecidos. 11.132 desplazamientos forzados. Trasmisiones en directo, para facilidad de las víctimas. 2.965 compulsas a la justicia ordinaria. 1.124 para dirigentes políticos. 1.023 para miembros de las Fuerzas Armadas. 393 para servidores públicos. Y 10.329 para terceras personas y desmovilizados. Esto es una realidad, que tal vez Salvatore Mancuso lo dijo, en 200 años no termino. Pues permítame decirle, que más de 2 mil postulados, casi tres mil, incluyendo de las Farc y el Eln, sometidos al programa de Justicia y Paz, aquí no hubiera alcanzado ningún tiempo para esclarecer estos hechos con los mecanismos de la justicia [ordinaria], cuando la persona lo primero que entra es en actitud de defensa. Aquí, en Justicia y Paz, se parte de la renuncia del elemento más esencial de la defensa de cualquier ciudadano que es, auto inculparse, y más allá inculpar a quienes tuvieron involucrados en ese hecho. Estas estadísticas, entre otras, son la generosidad y las bondades de este mecanismo, entonces cómo decir hoy, cuando escucha o lee columnistas de este proceso, decir que Justicia y Paz no ha funcionado. Hoy todavía no sabemos qué pasó con la muerte del doctor Álvaro Gómez, y estamos hablando de los máximos dirigentes de este país, es decir, que la justicia obraría con mayor agilidad, ahora la muerte de un campesino y cualquier ciudadano del común, a pie, ¿se iría a esclarecer? Y mire todos estos hechos [Declarados], a través de los mecanismos de la Versión Libre y de Justicia y Paz. Fue un proceso que nos tomó a todos por sorpresa y que fue desde el inicio algo nuevo para todos y que sigue siendo nuevo.

(Final de la primera parte)

jueves

La Academia enseña, los Desmovilizados aprendemos, la Sociedad Entera se beneficia

EDITORIAL
Colombia, mayo de 2013


“Es mejor cambiar el trato hacia la persona que lastimaste que pedir su perdón” (Elbert Hubbard)



Nuestra vida como desmovilizados, ex combatientes de las Autodefensas Campesinas, y postulados a Justicia y Paz, aún recluidos en prisión y adelantando el proceso judicial correspondiente, tiene como piedra angular y eje de acción, el perdón compungido a nuestras víctimas, el perdón por el dolor que causamos, el perdón por el mal que infligimos, el arrepentimiento por los hechos luctuosos que protagonizamos, la firme convicción de la No Repetición.
Sobre el principio rector del perdón se asienta el entero proyecto de vida a futuro para lo cual nos estamos preparando acuciosamente, en la misma medida que contamos ansiosos los días que nos faltan para regresar a la libertad, a nuestra familia, a la vida en el seno de la sociedad por cuya Paz y Reconciliación nos queremos dedicar de lleno, en el pleno ejercicio de nuestros derechos y obligaciones como ciudadanos, siempre conscientes de los grandes interrogantes que genera en el país lo que va a ser la gran apuesta del postconflicto: ¿Cuál será el comportamiento individual y social de quienes habiendo sido actores del conflicto armado se han comprometido a honrar las leyes y promover el bien común desde la civilidad?
Se equivocan quienes suponen que la vida en la cárcel es una vida ociosa, un leve castigo de tedio y soledad, de apenas ocho años para redimir los estragos producidos durante los tiempos de participación en la guerra. Por el contrario, la vivencia descarnada de una verdad penosa y lacerante nos ha puesto en contacto, durante estos años de absoluta privación de libertad, con el infierno que son en inmensa proporción las prisiones colombianas, verdaderas torturas por las arbitrariedades y humillaciones a que se ve sometida a diario la población carcelaria.
Si en términos generales las condiciones vigentes no facilitan la resocialización ni fomentan la educación en valores, si el entorno conspira con el aprovechamiento productivo, pedagógico, cívico, del tiempo de encierro y aislamiento, cualquier iniciativa que busque remediar estas falencias y procurar el respeto de los derechos humanos de los presos así como la dignificación de sus condiciones de vida, cuenta siempre con nuestro aplauso y adhesión. Así ha sido durante los años que los desmovilizados de las Autodefensas Campesinas llevamos en la cárcel, tras el proceso de Paz que adelantamos con el Gobierno anterior, y en virtud de nuestros compromisos adquiridos con Justicia y Paz. Los años de cárcel han sido en cierto sentido también una oportunidad que la vida nos dio para reflexivamente y en diálogo profundo con nuestras conciencias, producir una transformación interior cuyo fruto se traduzca en obras de provecho para nosotros mismos y para la sociedad que se apresta a recibirnos nuevamente en su seno.
Para muestra un ejemplo loable y aleccionador. Es solo un ejemplo, puesto aquí en consideración del lector, de aquellos que afortunadamente ponen de manifiesto el espíritu de esfuerzo y dedicación que late, en este caso, en los hombres y mujeres colombianos orientados a la formación profesional y permite ser optimistas sobre el futuro de Paz y Reconciliación que habita ya en nuestra visión del mañana que esperamos disfrutar. Aquí se trata de 11 postulados de Justicia y Paz, que en representación del gran colectivo de desmovilizados, asisten regularmente al “Proyecto Académico para la Reintegración y la Reconciliación”, iniciativa de la Corporación Universitaria de Colombia IDEAS en acuerdo con el INPEC.  

Hace 16 meses la Corporación Universitaria de Colombia IDEAS en convenio realizado con el INPEC, previo trámite ante los Ministerios de Justicia y Educación, dio inicio a la magna tarea de llevar a algunos centros carcelarios la Educación Superior de manera presencial. Este proyecto académico y de suma importancia en el proceso de Resocialización del individuo, inició en la Penitenciaria la Picota de Bogotá con dos poblaciones de internos, una correspondiente a la procesada por la Justicia permanente u ordinaria y la otra proporcionada a Postulados a la Ley de Justicia y Paz, la también llamada Justicia Transicional. Hoy, en medio de la más profunda crisis carcelaria que haya vivido el País a raíz del grave hacinamiento existente, nadie se imagina y muy pocos Colombianos están enterados de este noble propósito, que sin lugar a dudas redundará en resultados altamente positivos en beneficio de las personas que reciben esta calidad de educación, pero igualmente en pro de una mejor Sociedad que recibe a quienes equivocaron el camino, pero tuvieron la entereza de responder por sus actos ante la Justicia y la misma Sociedad.
Esta cruzada académica liderada por la Corporación Universitaria de Colombia IDEAS y que a buena hora encontró en el INPEC su mejor aliado, sin lugar a dudas tiene en este programa la semilla sembrada que deberá germinar como ejemplo de aprovechamiento del tiempo a quienes han perdido su libertad. Con estudios de calidad académica y literaria, este primer ensayo es la punta de lanza que en un futuro, ojalá no muy lejano, va a replicarse en otros centros carcelarios y en diferentes ciudades del País.
Once Postulados a la Ley de Justicia y Paz, miembros de las extintas Autodefensas Campesinas de Colombia, recluidos en el Pabellón ERE 3 de la Picota, entre ellos ex Comandantes de Bloques y Frentes y algunos de la llamada base o ex patrulleros, hacemos parte de este importante programa de Estudios Superiores; la Facultad de Derecho de la Universidad IDEAS llevó su Claustro de Profesores a este centro de reclusión, en medio de esos muros de ferro concreto emerge como un oasis el aula de la Facultad de Derecho del mencionado pabellón.
Allá, nos damos cita de lunes a viernes a partir de las 8 am. hasta las 4:30 pm estos 11 estudiantes, la gran mayoría que por su edad madura podríamos tener alrededor de 20 años o más de haber terminado nuestros estudios de secundaria, 20 años o más sin recibir una clase de manos de un profesor y 20 años o más sin asumir tal responsabilidad personal de superación y formación intelectual, e igualmente de responsabilidad como ejemplo de superación ante la Sociedad y nuestras Familias, de donde nunca debimos haber partido y a cuyo seno añoramos regresar.
Próximos a terminar el cuarto semestre de Derecho y ad portas de iniciar el quinto semestre que nos dirá que hemos arribado a la mitad del camino, a la estación del medio, damos fe que ha sido la mejor manera de aprovechar nuestro tiempo y la experiencia más hermosa y productiva intelectualmente que hayamos podido tener, que con la gracia de Dios y la voluntad inquebrantable de nuestra parte, acabaremos hasta la última gota de nuestro esfuerzo, para terminar este proyecto con éxito y ser multiplicadores en el mejor futuro que estamos construyendo.
Estos 11 enamorados de la Paz y la Reconciliación, le estamos apostando a la educación y el aprendizaje diario, como prenda de garantía de la No Repetición de lo sucedido.
Es con este espíritu de aprendizaje y disciplina que abrimos el camino para que más y más desmovilizados con el apoyo de la Academia y las Instituciones, se sumen a la construcción de condiciones más dignas de vida, dentro y fuera de las cárceles, iluminados por la búsqueda y puesta en práctica de todos aquellos conocimientos que nos permitirán como individuos y como sociedad no recaer en los viejos errores ni seguir alimentando los antiguos rencores.
Pedir perdón es necesario, y lo estamos haciendo; prepararnos, para mejor servir los ideales de Paz y Reconciliación, también es necesario y lo estamos haciendo.
Comité Editorial

sábado

Lo que se nos viene

27 de abril de 2013
Revista Semana

Por María Jimena Duzán
La gran pregunta es cuánto estamos realmente dispuestos a perdonar los colombianos así de divididos y polarizados como estamos. Y a cambio de qué podríamos dar ese perdón total.
 
Si avanza en La Habana el  acuerdo con las Farc, no me cabe la menor duda de que detrás, y muy pegadito viene imparable el perdón  total para quienes de un lado o del otro cometieron crímenes en este largo conflicto colombiano. 
 
Un perdón que tendría que abarcar no solo a las Farc, sino a los militares que cometieron atropellos en el curso de esta guerra infernal y que tendría que cobijar también a los paramilitares como Mancuso, H.H o Jorge 40, como lo propuso Sergio Araújo hace poco en una interesante columna publicada en Kienyke.
 
Obviamente el tema no es fácil de abordar. Tantos años de conflicto nos han convertido en una sociedad altamente polarizada y escenarios tan inusitados como los que se nos avecinan nos cogen muy mal parados.
 
Por lo pronto la sola posibilidad de ese perdón total, me ha vuelto a acercar a Sergio Araújo, un viejo amigo, con el que terminé distanciada por cuenta de esa relación que se estableció entre ciertas élites del Cesar y el paramilitarismo, suficientemente documentada ya por varios expertos. 
Aunque tanto Sergio y yo somos víctimas del conflicto, su familia lo fue de las Farc, (su hermano fue condenado por parapolítica) y la mía de los narcoparamilitares, han sido más las cosas que nos separan que las que nos unen.
 
No comparto su percepción benevolente sobre las razones que permitieron el surgimiento y posterior consolidación del narcoparamilitarismo y él descalifica mi juicio sobre los paramilitares porque considera que está nublado por el odio que según él yo siento por ellos  ya que ellos fueron los que asesinaron a mi hermana Silvia.
 
No creo que estos ejércitos privados hubieran sido una bendición para la olvidada provincia colombiana porque hicieron retroceder a la insurgencia, como él afirma en su columna, ni que se le pueda endilgar a la propaganda de izquierda el mito de que los paramilitares fueron unos codiciosos que mataron solo gente inocente, como él sostiene en su escrito.
 
Disiento también de la transparencia con que según él actuaron los paramilitares en el proceso de desmovilización dentro del marco de la Ley de Justicia y Paz y sin embargo, a pesar de todas las diferencias que he señalado lo acompaño en la afirmación que hace en su columna en el sentido de que si queremos una paz con buenos cimientos esta tiene que incluir a todos los actores del conflicto.  
 
La gran pregunta es cuánto estamos realmente dispuestos a perdonar los colombianos así de divididos y polarizados como estamos. Y a cambio de qué podríamos dar ese perdón total.
 
Yo creo que solo podemos hablar de perdón total si los actores del conflicto aceptan decir la verdad y contarles a sus víctimas por qué cometieron los crímenes que nos llenaron de sangre.
 
La experiencia que nos dejó la Ley de Justicia y Paz es que nada reemplaza a la verdad y que el hecho de que los victimarios hubieran sido encarcelados no resarció a sus víctimas.
  
Es decir, si Jorge 40 quiere el perdón total tiene que salir de su mutismo y contarnos por qué mató a dirigentes sindicales y a profesores universitarios. Pero que lo haga ya. Y si los militares quieren ser objeto de ese perdón tendrán que hacer lo mismo.
 
Decirnos la verdad sobre el Palacio de Justicia, sobre lo que sucedió en la masacre de Mapiripán y en tantas otras en las que por acción u omisión hubo oficiales del Ejército involucrados en atropellos a los derechos humanos.
 
Y si las Farc quieren el perdón total, deberían en esa comisión de la verdad que están proponiendo pedir no solo que se esclarezca el exterminio de la UP. También tendrían que esclarecer hechos como el exterminio cometido por ellos contra los desmovilizados del EPL en el norte del país; contar la verdad sobre el acto terrorista del Nogal y la de la masacre de los diputados del Valle, además de pedirles perdón a los miles de secuestrados que fueron tratados como animales.
 
Si todos los actores violentos de este país son capaces de darle la cara a ese país que los ha padecido y si unos y otros nos cuentan quiénes eran sus socios en la política para que podamos desterrar para siempre esa práctica nefasta de la combinación de las formas de lucha, probablemente esta sociedad tan reacia a los cambios, esté dispuesta a concederles un perdón total así nos salten a la yugular todas las ONG. Y si llega ese día, tal vez Sergio y yo, podamos volver a tomarnos un café.

jueves

Perdonar con el Estómago -


Por: SERGIO ARAÚJO

Publicado 6:06 am, abril 25, 2013
Ricardo Silva Romero -de mis columnistas favoritos- suele titular, muy efectista, con una sola palabra. Y llamó “Estomago” la estupenda columna en la que se refiere a “la importancia de que la derecha dé la cara”. Supone él, que el uribismo es la derecha y que su accionar político abierto debe traer como consecuencia que “tendrá que ser invitada a la mesa de negociación” Y concluye “Sé que la sola idea revolverá ciertos estómagos”. Es valiente su afirmación. Pero sobretodo, es correcta.
Da en el clavo Silva. Porque sin importar cuanto se revuelva el estomago a quienes piensan que las Farc deben ser generosamente ataviadas con impunidad, llamándola “perdón”, deben entender que los demás actores violentos del pasado reciente, también tienen derecho al perdón, digo, a la impunidad, para asentar el apaciguamiento armado.
Los 8 o 9 mil combatientes de las Farc que, Santos y el Marco para la Paz, buscan insertar en la sociedad, sin cárcel, sin pedirles que pidan perdón, cuya comandancia pasaría cínica al parlamento y cargos oficiales eludiendo que el pueblo los avale, son exactamente igual de criminales a los jefes paramilitares de primer y segundo nivel que están desde hace años en la cárcel.
¿Cómo puede vivir un país clavado en la hipocresía de considerar que la bomba, la metralla, la mina y las muertes que causaron unos, puedan ser menos tremendas que las infligidas por los otros?

Los paramilitares eran una federación armada, un ejército ilegal no derrotado que aceptó desmovilizarse, saltando a la “piscina sin agua” que resulto ser la jurisdicción de Justicia y Paz. Comprendían que se les había salido de las manos el monstruo creado y vieron la ocasión de parar. Pero también pesó valorar que los avances contrainsurgentes no se perderían en el esquema de la Seguridad Democrática. Sí se colaron unos avivatos, como se meterán ahora muchos narcos de las Farc; pero los comandantes paramilitares claudicaron -teniendo intacto su poder letal- para aprovechar la oportunidad legal a sabiendas que no habría impunidad total.
Ahora -gracias a la propaganda de la izquierda- todas las muertes causadas por los paras, fueron “víctimas inocentes” y las fuerzas de Castaño y Mancuso aparecen ante la historia como unos exterminadores codiciosos que solo robaban tierras. ¿Quién va a negarlo? Se apropiaron ilegalmente de muchas tierras, como en todas las guerras de la humanidad. Pero los que padecimos el horror de tres décadas de dominación guerrillera en la provincia colombiana, sabemos que las organizaciones de autodefensa hicieron retroceder a la insurgencia, y que el mito, impulsado por la izquierda de que los paramilitares sólo mataron gente inocente, es falso, y forma parte de su estrategia de estigmatización.

Nada justifica la muerte, ni siquiera de criminales, pero la verdad de esta confrontación no debe maquillarse desde una orilla como hasta hoy.
Se les revolverá el estomago a muchos. Decir la verdad causa ira en los adoctrinados. Y cada herida tiende a volverse una militancia ideologizada, violenta, ciega, infinita…
Lo sé yo, que me atrevo a afirmarlo-mientras mi familia me ruega no decirlo porque entiende el odio que desencadena la verdad- y lo sabe la Colombia semi-rural y provinciana que sufrió los vejámenes guerrilleros, igual de cínicos, igual de sádicos, igual de canallas, igual de barbaros que los peores exponentes del paramilitarismo.

Las razones son muchas y empiezan en lo simple: ¿Cuánta gente sabrá que la mayoría de los 30 mil paramilitares salieron de la guerrilla? Aunque no lo crean, mas del 70% de los patrulleros y comandos de las AUC eran exmilitantes del ELN, EPL, y FARC. Por eso, los métodos fueron los de la guerrilla. ¿Cómo no?, si eran los mismos.
También se olvida el abandono del Estado, criminalmente ausente: Los jueces miraron a otro lado, los funcionarios se sometieron, los periodistas callaron, los líderes cívicos se fueron, y los civiles que pudimos, también nos fuimos. Muchos fueron asesinados. Y la gran mayoría calló, se ausentó, se sometió, pero…¡a la guerrilla primero!, y a los paramilitares después.

La gran verdad es que el aparato armado del estado y el sistema judicial, fueron culpables de las tres décadas durante las que condenaron a los habitantes a tener que vivir en connivencia obligada, en la indignidad del silencio, o en el dolor del exilio.
¡Se nos olvida todo! Pretenden que perdonemos a las Farc, sin que ellos perdonen a ninguno. Y nadie se atreve a proponer que el marco legal de impunidad que nos tendremos que tragar para persuadir a Timochenko que nos deje vivir en paz, se le aplique con la misma laxitud a todos los actores armados, para que todos se perdonen a todos.
¿Me van a decir que Iván Márquez o Pablo Catatumbo merecen ser perdonados por sus mil crímenes, si ellos mismos no son capaces de tolerar que la misma benevolencia se aplique a Rodrigo Tovar o  Freddy Rendón?
¿Cómo pensar en una nueva sociedad basada en el perdón si no se apoya en un patrón de justicia o injusticia idéntico?

Con frecuencia me piden que –por la paz- no escriba tan duramente contra las Farc, y suponen que me cuesta perdonarles el asesinato atroz de mi tía Consuelo Araújo. Sí. Me cuesta…
Y pienso en María Jimena Duzán, feroz contra lo provinciano porque lo supone afín a la derecha armada. ¿Escribe así porque no es capaz de perdonar el igualmente atroz asesinato de Silvia Duzán, su hermana, a manos de paramilitares del Magdalena Medio?
Quizá por eso arremete contra todo lo que en su dolor confunde con ellos. Pero, mientras mi dolor y su dolor no puedan producir el mismo nivel de perdón, la paz de Colombia no será posible. 
Así se revuelvan todos los estómagos, si vamos a perdonar dejando impunes los crímenes de los verdugos, empecemos por sincerarnos y perdonarlos a todos. No hay un criminal mejor que otro. La vida muerta era toda sagrada, y el que la mató merece el mismo rigor. O por el bien general, la misma indulgencia…

@sergioaraujoc

martes

Comunicado a la Opinión Pública - Marcha por la Paz y la Reconciliación


El asesinato del caudillo liberal Jorge Eliécer Gaitán, el 9 de abril de 1948, marcó un punto de inflexión en la historia reciente de Colombia, pues, su fatídica muerte, desató una ola de violencia que llega hasta nuestros días. Durante estas décadas de desolación y muerte, el conflicto armado colombiano ha tocado todos los rincones de la geografía nacional, dejando una estela de víctimas en todos los estratos sociales, especialmente en los más desfavorecidos. Por el significado de esta fecha para nuestra experiencia histórica como nación, el día de hoy podrá ser considerado en el futuro como el inicio de la reconciliación entre todos los colombianos.  Rogamos para que estas claras manifestaciones de respaldo al proceso de paz que se adelanta en La Habana entre el Gobierno Nacional y la guerrilla de las FARC, sirvan para trazar los caminos de una paz estable y duradera para todos y dejarle a las generaciones venideras un país reconciliado y próspero.

Los desmovilizados de las Autodefensas Unidas de Colombia, comprometidos con la construcción de una patria justa y en paz ‒‒ y especialmente quienes desde las cárceles y los estrados judiciales asumimos la responsabilidad histórica con la verdad, la justicia y la reparación‒‒ respaldamos y miramos con esperanza este proceso de paz, y nos sumamos a las voces del pueblo colombiano que claman por la reconciliación, el perdón y la grandeza de nuestra patria.

Un sincero saludo para los marchantes. ¡LA PAZ ES PARA TODOS!


DESMOVILIZADOS DE LAS AUTODEFENSAS UNIDAS DE COLOMBIA



Colombia, Abril 9 de 2013.

Registro Fotográfico de la Marcha por la Paz y la Reconciliación en las principales ciudades del país - 9 de abril de 2013

















jueves

Víctimas y Desmovilizados tomados de la mano para la Reconciliación y la Paz

EDITORIAL

Colombia, febrero de 2013



Cuando los Desmovilizados nos esforzamos por afianzar las condiciones necesarias que hagan efectiva y eficaz la Paz y la Reconciliación que propiciamos, allí advertimos con desazón que el silencio de los fusiles y la dejación de armas es apenas el primer paso de un duro y largo camino.

No es intrascendente ni mucho menos la desmovilización de los alzados en armas  –todo lo contrario- sino que por imprescindible que resulte no alcanza de por sí para hacer debida justicia con las Víctimas ni tampoco para poner de inmediato en ejecución las intervenciones que permitan acceder sobre el terreno a las soluciones sociales y económicas que urgen en vistas de reparar los males causados por la confrontación armada y recrear la sana y productiva vida en comunidad, alterada durante décadas por violencias y carencias de todo tipo.

El desconcierto nos sorprende entonces con su carga de impotencia y pesadumbre al observar en los rostros acongojados de las Víctimas el rastro lacerante de la guerra y sus múltiples heridas, las secuelas nefastas de tanta sangre fraternal derramada detrás de la consecución de ideales contrapuestos entre unos y otros que nos enfrentamos en la tragedia que jamás debió suceder, que jamás debió arrastrarnos y dañar inmisericorde tanto pueblo inocente y trabajador. 

Sin embargo, aunque no le falte razón a quien ha dicho que es más difícil hacer la paz que hacer la guerra, los Desmovilizados estamos jugados por hacer de la Paz nuestro camino sin retorno y de la Reconciliación nuestro servicio comunitario de por vida. No podemos ni queremos renunciar al compromiso histórico que hemos asumido frente al País pero sobre todo ante las Víctimas y nuestras propias conciencias. Estamos dispuestos a remover todos los obstáculos que se interpongan, a trabajar día y noche sin claudicaciones, hasta que de los Desmovilizados se diga: hicieron mucho daño pero se arrepintieron, hicieron mucho daño pero rectificaron, hicieron mucho daño pero tuvieron humildad suficiente para admitir el error, pedir perdón y reparar aquello que podía y debía ser reparado.

Valgan las palabras dichas para renovar aquí nuestro llamado como Desmovilizados a todos nuestros compañeros y compañeras, a las instituciones del Estado y asociaciones de bien público, a las comunidades que anhelan ver a Colombia entera en Paz y Reconciliada, a las autoridades en los diferentes niveles, para hacer realidad un círculo virtuoso de mutua colaboración a los efectos de redoblar los esfuerzos y no dejarnos vencer por las dificultades. Las Víctimas merecen no solo reconocimiento de sus derechos, reparación de sus daños y consuelo en la aflicción que padecen sino también y sobre todo no ser revictimizadas por nuevas violencias, por su no inclusión en los proyectos y realizaciones que les atañen, por el silenciamiento de su voz.

En este contexto cabe destacar muy especialmente el trabajo que viene realizando la "Mesa Regional de Reconciliación" que adelanta el departamento de Bolívar  en la subregión de los Montes de María. Esta mesa fue instalada por la antigua CNRR, ahora ACR (Agencia Colombiana para la Reintegración), que preside el Dr. Arturo Zea, quien fue Jefe Regional Bolívar de la CNRR y ahora es Director Territorial Bolívar de la nueva Unidad de atención a víctimas.

Desde esta mesa se han llevado a cabo 5 Mesas o encuentros de Reconciliación entre víctimas y victimarios, funcionarios de la Agencia, de la Gobernación de Bolívar, Alcaldía de Cartagena, dos de esas cinco mesas se han efectuado en la Cárcel Modelo de Barranquilla con la presencia de varios postulados del extinto Bloque Montes de María y una más de los otros cinco encuentros que se han llevado a cabo, fue en Cartagena y también contó con la presencia de postulados a Justicia y Paz del extinto bloque.

A través de estas mesas y especialmente del trabajo que viene realizando el Dr. Zea, se logró, entre otras cosas, el acuerdo entre las víctimas de Mampuján y el desmovilizado Edward Cobos Téllez por el diseño del Monumento a las Víctimas que éste ofreció según lo ordenado en la primera sentencia de Justicia y Paz de la cual el desmovilizado es destinatario.

También, a través de estas mesas se ha venido apoyando el trabajo de Restitución de tierras en los Montes de María. Asi mismo, es un logro destacable la iniciativa programada de una caminata por parte de quienes han sido Víctimas del despojo de sus tierras en el municipio de Carmen de Bolívar, despojo posterior a la desmovilización de las Autodefensas. Nos adherimos y respaldamos esta caminata como rechazo contundente a todas las formas y expresiones de violencia, pasadas y presentes, las cuales pretenden condicionar y amilanar no solo a las Víctimas sino también a los Desmovilizados y toda la Comunidad.
A través de esta Mesa Regional de Reconciliación se están recopilando las Memorias de lo sucedido en los Montes de María, lo referente a las Víctimas y su vida en torno al impacto de la violencia. En estas memorias no se está hablando del relato de hechos y sus responsables, sino de cómo esos hechos de violencia de unos y otros afectaron la vida y convivencia pacífica de sus moradores y el desarrollo de sus proyectos de vida con respecto a su condición de productores agrícolas.

Seguiremos insistiendo ante quien corresponda sobre la necesidad de no dilapidar por parte de los entes estatales aquellos bienes económicos que han sido entregados por los Desmovilizados como aporte a la Reparación y que ojalá se conviertan en la base fundamental de un programa de entrega directa de parcelas a las Víctimas, donde éstas tengan la oportunidad de disponer de sus propias parcelas para cosechar los productos agrícolas de la región, ejemplo el aguacate, el tabaco, caucho y otros y con el acompañamiento y subsidios del Estado, constituyendo así un verdadero ejemplo de Reparación. Parcelas que deben salir de la parcelación de las miles de hectáreas que han entregado los ex Cdtes. de las AUC, por ejemplo en los Montes de María, como las entregadas por los ex Jefes desmovilizados Edward Cobos Téllez y Salvatore Mancuso Gómez, que antes de monetizarlas y a unos precios irrisorios y absurdos, pudieran apalancar el retorno de los campesinos a su región, con opciones verdaderas de proyectos de vida, porque lo que se ha hecho hasta ahora con las tierras entregadas, es colocarles unos precios irrisorios para rematarlas incluso por debajo de esos precios, y esos recursos no son significativos a la hora de valorar la Reparación.
Todo sea dicho en pos de arribar a las mejores concreciones, a las mejores soluciones en favor de las Víctimas, de tal manera que en el tránsito de la guerra a la paz, los cimientos de una nueva Colombia Reconciliada se fundamenten en la preservación de la vida y en el regreso al trabajo fecundo, solidario y próspero de las comunidades rurales y sus familias.

La Reconciliación se ha echado a andar y nuestro camino no se detendrá hasta consolidar la necesaria y verdadera Reparación, aquella donde cada Desmovilizado según su capacidad pueda dar a cada Víctima según su necesidad, en el convencimiento que todo bien que sepamos hacer en beneficio de las víctimas será un bien que entre todos haremos al Bien de Colombia y su Reconciliación en Justicia y Paz.


Comité Editorial

@reconciliemonos

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