sábado

La apuesta de 'Diego Vecino' por la paz

Entrevista concedida a la Periodista Maria Elena Florez del periódico El Espectador, publicada en su edición impresa a doble pagina el domingo 28 de septiembre de 2014
-----------------------------------------------------------------------

Tras ocho años de cárcel y un sinnúmero de diligencias judiciales, Édwar Cobos asegura que el rearme de las autodefensas es imposible y que cree en la buena voluntad de las Farc


Édwar Cobos Téllez, alias ‘Diego Vecino’, fue el primer exjefe paramilitar condenado en desarrollo del proceso de Justicia y Paz. / El Espectador


Édwar Cobos Téllez conoce como pocos los secretos de la cruenta barbarie del paramilitarismo en Colombia. Ad portas de salir de prisión, Diego Vecino, su alias de guerra, es un convencido de la paz. Por eso pide pista para hablar en La Habana con las Farc y asegura que la política es el único camino para que “Colombia deje atrás el ruido de sables y de metralla”. Así se “confesó” con El Espectador.
Usted ha dicho que las Auc se desmovilizaron en su mejor momento militar y político. Si estaban ganando la guerra, ¿por qué dejaron las armas?
Nuestro verdadero interés nunca estuvo centrado en ganar la guerra, sino en hacer imposible que la ganaran las guerrillas. Quisimos disuadirlas, y cuando consideramos que había llegado el momento nos desmovilizamos, para no seguir deslegitimando al Estado. Nuestra presencia en el escenario militar debía finalizar para convertirnos en un movimiento político.
¿Por qué ha habido tanta polémica sobre sus confesiones en el expediente de la parapolítica?
En tiempos de guerra, las verdades siempre son contradictorias, obedecen a la relación de fuerzas que se establecen y varían según les vaya a los bandos enfrentados. En Justicia y Paz estamos menos del 5% de los desmovilizados, y suele suceder que algunas verdades quedan a medias y por ahí se cuelan falsedades o confusiones. Sólo en el marco de una comisión de la verdad se podrá tener un panorama completo.
¿Por qué tanto silencio y tan pocas pesquisas sobre el despojo de tierras y la ‘paraeconomía’?
Hemos entregado cientos de horas de versiones libres e informes financieros de la época sobre ese tema. El silencio del que usted habla no es por parte de los postulados. Tal vez en este caso se aplique aquello de “poderoso señor es don dinero” a la hora de lograr silenciar las voces y las denuncias. Las guerras cuestan demasiado dinero y éste sólo puede salir de quienes lo han acumulado. A veces es muy difícil dilucidar hasta dónde llega el apoyo a uno u otro bando y cuándo opera el instinto de conservación de quien, teniendo mucho dinero, admite pagarles a unos o a otros temiendo que al no hacerlo ponga en peligro su vida o su libertad.
¿Fue el paramilitarismo una respuesta antisubversiva o una contrarreforma agraria?
La autodefensa campesina fue una respuesta a la violencia y sevicia guerrilleras y a la indefensión de comunidades rurales por parte del Estado ausente. Sólo cuando las estrategias guerrilleras originaron la urgencia de una contraofensiva, el despliegue de autodefensas por el país hizo que se coparan territorios para expulsar a las guerrillas. En el posconflicto, cualquier paz sostenible requerirá la presencia integral del Estado y la satisfacción de las necesidades de los campesinos; esto es, poner las tierras al servicio de la paz y la equidad social, en particular aquellas que fueron botín de guerra de los actores armados.
Hace poco, ‘Ernesto Báez’ dijo que las negociaciones se hacen entre enemigos y que lo que ocurrió con las autodefensas fue una “negociación entre amigos desleales”...
Ernesto Báez es un gran orador y sus metáforas siempre dan en el clavo. Pero las palabras nunca dicen todo acerca de los asuntos políticamente complejos, como aquel proceso de Ralito, difícil de reducir a unas pocas frases. Digamos que fue una negociación entre políticos que no coincidíamos en casi nada, excepto en considerar a las guerrillas un peligro para la libertad y la democracia.
¿Qué sabor le deja Justicia y Paz?
El proceso ha logrado sobrevivir, ha dado muchos frutos amargos, pero necesarios para la salud del país. Se han esclarecido decenas de miles de hechos, cifras vergonzantes, pero que jamás se hubieran podido alcanzar sin la voluntad de los postulados. No se ha llegado a donde pretendemos, pero esto ha constituido un hito en la aplicación de la justicia transicional. Hemos sido pioneros y también conejillos de Indias, pero la experiencia ha valido la pena. Seguramente al llegar a la orilla de la paz y la reconciliación nos felicitaremos por no haber abandonado el barco en los momentos más desesperantes de la travesía.
¿Han sufrido presiones para no contar la verdad sobre sus nexos con la Fuerza Pública?
Las presiones suelen adoptar, generalmente, la máscara de mensajes off the record atribuidos a presuntos implicados o de rumores que se riegan sin fuente conocida, pero que apuntan a la necesidad de poner “las barbas en remojo”. A buen entendedor, pocas palabras. Hay amenazas que se respiran en el ambiente, especialmente en las cárceles o en aquellos lugares que frecuentan nuestros familiares y amigos, quienes se angustian demasiado y nos transmiten sus temores.
La reinserción parece ser uno de los principales fracasos del proceso con las Auc. ¿Cuáles han sido las mayores dificultades?
La reinserción debió constituirse en nuestro camino asistido y seguro de regreso a la sociedad, la garantía de la recuperación de nuestros derechos civiles y políticos y el acceso sin cortapisas al mundo del trabajo. Ningún desmovilizado puede sentirse amparado socialmente cuando siente la estigmatización que le impide obtener trabajo o se siente condenado a ser, durante toda su vida, un paria, un ciudadano de segunda categoría.
En ocho años compareciendo a las audiencias de Justicia y Paz, ¿cuál víctima lo conmovió?
Fui el primer condenado en Justicia y Paz, por la masacre de Mampuján, en los Montes de María, y no puedo ocultarle que ese primer encuentro con las víctimas fue muy impactante: gracias a Dios y a la enorme capacidad de perdón de las víctimas, ese evento fue muy sanador y nos alentó a seguir buscando el perdón. Siento en mi corazón que el dolor de cada víctima, íntimo e intransferible, es también el dolor de todas las víctimas, y que si existe el infinito dolor individual también asoma detrás de cada drama personal un dolor más extendido que nos interpela a quienes hemos sido victimarios. Mientras Colombia no sea capaz de asumirse como víctima, pero también como victimaria, no podremos salir de esta tragedia y seguiremos cayendo en la trampa insoluble de ver la brizna en el ojo ajeno y no la viga en el propio. Las Farc, el Eln, el propio Estado y sus agentes, lejos de pretender eludir este encuentro, deberían propiciarlo, porque su efecto sanador no es sólo un deber para con las víctimas, sino una condición ineludible para la propia sanación espiritual del victimario.
¿Es cierto que los desmovilizados están pensando en crear un partido político?
Lo primero es recuperar el derecho ciudadano a participar políticamente, algo que no se le puede negar a ningún colombiano. Lo extraño y poco creíble sería que ninguno de nosotros estuviera pensando en vincularse a un partido. Sí hay quienes albergamos ese sueño entre los desmovilizados, de las autodefensas y también de las guerrillas, y estamos convencidos de que la política democrática es el ejercicio necesario para que Colombia deje definitivamente atrás el ruido de sables y de metralla.
¿Es posible que grupos de desmovilizados inconformes con el proceso de paz con las Farc creen nuevas estructuras de autodefensas?
Cualquier rearme de las Auc es un imposible categórico.
Pero, ad portas de que salgan de prisión, muchos temen que ustedes vuelvan a tomar las armas...
El temor es ciertamente legítimo, pero infundado en sus alcances reales. Eso no significa que subestime los riesgos de reincidencia en casos puntuales, pero la madurez en la conciencia política es el mejor seguro que tenemos para concluir que las armas son el peor aliado para defender ideas legítimas.
El fiscal ya anunció que la salida de ustedes se va a retrasar y a algunos se les ha negado la libertad. ¿Creen que les están haciendo trampa?
Estamos atravesando la parte más decisiva de Justicia y Paz. No me pasa por la cabeza que nos vayan a hacer trampa, ni que los postulados caigamos en la trampa que algunos enemigos sin escrúpulos nos quieran tender. Dentro de la ley, todo; fuera de la ley, nada: este es nuestro lema. El fiel cumplimiento de lo establecido en Justicia y Paz es, además, en las circunstancias presentes, un mensaje directo a los negociadores en La Habana, que siguen con interés inocultable las vicisitudes por las que transitamos los desmovilizados al filo del cumplimiento de los plazos de privación de la libertad.
¿A qué se van a dedicar cuando estén libres?
La vocación de los miles de postulados privados de la libertad tiene un común denominador y es su origen campesino. Muchos quieren volver a sus lugares de origen, pero no es un secreto que su seguridad en el campo va a ser muy complicada, por lo que habrá que brindarles una oportunidad dentro del aparato productivo legal de la Nación. Yo seguiré trabajando en la búsqueda de la paz. Lo arduo de escoger lo que uno haría en libertad es que, privado de ella entre estas paredes y por tantos años, el mundo exterior luce ilimitado y entonces nos sucede lo que a los niños al aproximarse la Navidad, cuando le escriben a Papá Noel y les cuesta decidirse por pedir una cosa u otra. Quizá lo primero que hagamos sea dejarnos abrazar y besar por nuestros afectos.
Usted y Salvatore Mancuso pidieron ir a La Habana para contar su experiencia y aportar al proceso con las Farc. ¿Recibieron alguna respuesta?
Lo importante es que el país y los negociadores en La Habana saben que acompañamos de corazón el proceso y que queremos aportar en esta construcción y en el posconflicto. En el contexto actual, mi reserva es la mejor respuesta que le puedo dar a su pregunta. Cuando haya una respuesta oficial, será el Gobierno el encargado de darla a conocer.
¿Cómo quieren aportar ustedes al proceso en La Habana?
Primero, ponerle el hombro, transmitir nuestra experiencia, trabajar codo a codo sobre el territorio, donde habrá que asentar una paz incluyente y liberadora. De esto se desprende el resto, como que no haya verdades que queden sin conocerse ni víctimas sin ser reparadas.
¿Estaría dispuesto a dialogar frente a frente con ‘Timochenko’ o ‘Iván Márquez’? ¿Qué les diría?
Allí vamos a llegar sin rencores, sin prejuicios, sin hipocresías ni cartas marcadas, para dialogar, sincerarnos, estrechar nuestras manos y abrir nuestro corazón para la construcción de un país más justo, más libre, más solidario. Les diría algo así como: “Hagámosle, hermanos colombianos, jalemos para el mismo lado, el lado de la paz, y este país será todo lo grande y justo que siempre hemos soñado desde orillas diferentes, pero sabiendo que se trata del mismo río”.
¿Cree en la voluntad de las Farc para desmovilizar a sus hombres?
No sólo creo en su voluntad, sino en que la decisión de las Farc está tomada, lo cual celebro. Si queremos sentarnos en la mesa con las Farc y con el Gobierno es para comenzar aplaudiendo el gesto y la valentía que han tenido de abrir la negociación. Sumando a La Habana lo que llevamos avanzado, las exautodefensas encontraremos el modo de convertir este proceso en algo irreversible, irrompible e inexpugnable.
¿Cree que los máximos comandantes de las Farc deberían pagar cárcel, tal como lo hicieron ustedes?
Así como no queremos que exista una sola víctima del conflicto armado que no sea reparada y que no conozca la verdad, tampoco queremos que las Farc, el Eln u otros actores del conflicto, una vez firmados los acuerdos y desmovilizados, pasen un solo minuto en la cárcel. Solamente queremos que el conflicto armado tenga un final pronto y definitivo, y que nunca más existan condiciones que puedan arrastrar a Colombia a nuevas guerras.
¿O sea que ustedes no compran la tesis del uribismo de que el presidente Santos le está entregando el país a la guerrilla?
Absolutamente no. Me niego a creer que el uribismo esté creyendo que el presidente obre de esa manera, lo que no sólo suena descabellado, sino también poco serio. Todos queremos la paz, pero hay una conceptualización distinta sobre cómo lograrla. Por ello, una vez se avance en los acuerdos para poner punto final al conflicto, debemos estar todos los actores que participamos, a fin de consolidar esos acuerdos.
Después de 50 años de conflicto, ¿qué fórmula debe intentarse para reconciliar todas las orillas ideológicas que han alimentado la violencia en Colombia?
Hay que asumir de una vez y para siempre que la vida es sagrada, que todas las ideologías tienen cabida en una democracia auténtica y que eso de tomarse la vida de otros aduciendo motivaciones políticas ya no tiene ni tendrá cabida en la Nación.


¿Cuánto tiempo va a necesitar el país para dejar atrás estos círculos de violencia y odio?
Una generación, mínimo; siendo optimistas. Pero llevará menos tiempo en la medida en que nos demoremos menos en sentar a la mesa a las partes involucradas, legales e ilegales. La mesa de La Habana debe comenzar a ser vista como un árbol que extienda sus ramas, su follaje, su sombra a todo el país, para que todos encontremos suficiente espacio donde dialogar, para que las raíces patrias que subyacen bajo nuestros pies se sientan representadas y respetadas.
mflorez@elespectador.com
@elenaflorezr

2 comentarios:

  1. La apuesta de 'Diego Vecino' por la paz

    http://www.elespectador.com/noticias/nacional/apuesta-de-diego-vecino-paz-articulo-519280

    ResponderEliminar
  2. Una entrevista que vale la pena

    http://www.las2orillas.co/una-entrevista-que-vale-la-pena/

    ResponderEliminar