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Entrevista de Rodrigo Pérez Alzate concedida al periódico El Espectador

Rodrigo Pérez comandó el Bloque Central Bolívar de las AUC

El exjefe paramilitar que busca el perdón de sus víctimas

Aunque lleva más de ocho años en prisión, “Julián Bolívar” está de acuerdo con que las Farc no paguen ni un día de cárcel.
Rodrigo Pérez Alzate, exjefe del bloque Central Bolívar de las autodefensas. / Luis Benavides
Rodrigo Pérez Alzate pasó de ser ganadero a uno de los jefes del bloque Central Bolívar de las autodefensas, con más de 1.500 hombres bajo su mando, y de ahí a ser un líder que busca la reconciliación entre los desmovilizados y las víctimas del conflicto. Pérez Alzate, conocido en la ilegalidad como Julián Bolívar, le contó a El Espectador cómo llegó a conformar uno de los grupos armados más poderosos del país, por qué se desmovilizó, cómo asumió la extradición de su hermano y de los otros 14 comandantes y cómo ha cambiado su vida desde que decidió pedir perdón.

¿Cómo ha desarrollado el trabajo con las víctimas aquí en la cárcel?
Empezamos un trabajo con un grupo de profesionales para monitorear los avances del proceso. Creamos organizaciones llamadas Semillas de Paz, porque queríamos vigilar las actividades de los excombatientes para que no regresaran a la ilegalidad. Con algunos desmovilizados ideamos la estrategia de que nuestra historia en la guerra llegara a escuelas. Me interesé por entender qué factores determinaron la vida en armas de muchos de nosotros. Con unos psicólogos hicimos una investigación que fue la base para diseñar una propuesta educativa con el objetivo de garantizar la no repetición.

¿Cuál fue el mayor descubrimiento de la investigación?
Las pautas de crianza y el autoconcepto de estos muchachos. Si nuestra generación hubiera tenido quién le contara la realidad de la guerra de forma cruda y descarnada, ni el discurso de Tirofijo ni el de Carlos Castaño hubieran tenido cabida en la mente de esos muchachos. ¡Cuántas muertes nos hubiéramos evitado!

¿Cómo es el trabajo que están haciendo con las Madres de la Candelaria, muchas de ellas víctimas de las autodefensas?
Teresita Gaviria, la directora de las Madres de la Candelaria, vino muy prevenida, llena de resentimiento. Que nos recibiera un plato de comida era muy difícil; venía acompañada de otras madres. Pero con el trabajo que se hizo con psicólogos empezamos a realizar actividades y fuimos creando confianza. Esos encuentros han sido muy enriquecedores y liberadores. Nos han ayudado a perdonarnos a nosotros mismos.

¿A qué se refiere?
Ver que ellas, después de estar enfrente de la persona que les asesinó a su ser querido, sean capaces de perdonarlo, abrazarlo y llorar con él. Cuando uno está frente a la víctima y tiene la posibilidad de apreciar el daño que hizo, cómo esa persona ha sufrido, uno sabe que jamás puede volver a hacer eso. Y lo compromete muchísimo más. Esos seres humanos son tan valiosos como los que le dicen a uno: “Usted se tiene que ir para el infierno”. Entendemos eso que dicen porque no estamos hablando de una agresión menor. Esas víctimas están en todo su derecho de decir “no lo perdono”. Lo excepcional son los casos en donde sí lo hacen.

En una audiencia tuve la posibilidad de estar frente a unas 420 víctimas de mi bloque. Muchas ya habían venido aquí a hablar conmigo. Hace un mes que se conoció el concepto de la Corte avalando mi extradición; me llamaron preocupadas porque temían que no se conozcan muchas verdades que quizá todavía no han salido, y porque además ya somos muy cercanos.
¿Usted cree de verdad que la reconciliación en Colombia es posible?
Nos vamos a demorar unos añitos, pero sí es viable. El desminado dura 10 años y vale US$200 millones. La reconciliación cuesta muchísimo menos, pero dura más tiempo. Ha habido un deber moral nuestro: acercarnos a las víctimas, interactuar con ellas, pedirles de la forma más humilde y transparente que nos perdonen. El primer paso para la reconciliación es reconocer los errores y arrepentirse de ellos.

El coletazo del proceso de paz con las autodefensas fue estruendoso, surgieron nuevas estructuras criminales. ¿Cómo se imagina el coletazo del proceso de paz con la guerrilla?
El coletazo de nuestro proceso de paz fue muy fuerte. Una muestra es que las bacrim están compuestas en un alto porcentaje por desmovilizados. Pero ello se debe también a la falta de una política de reintegración seria. Sin el combustible y la chequera del narcotráfico, este conflicto armado no hubiera llegado a donde llegó. Los fusiles con los que nos matamos los colombianos son comprados con dólares. Tenemos que quitarle esos ejércitos al narcotráfico. La política antinarcóticos está equivocada. La solución no es quemarle los cultivos al campesino, que es el que menos gana en esto.
Las Farc ya dijeron que no pagarían un día de cárcel. ¿Las víctimas pueden aceptar eso?
Yo prefiero a las Farc sentadas y discutiendo. Tenemos que acabar con el ojo por ojo, después de lo que hemos vivido. En La Habana están sentados los representantes del Gobierno y los representantes de una organización ilegal que no ha sido vencida. Llevan 50 años en la guerra y no les han podido aplicar justicia. ¿Cuántos de los que están en Cuba han sido llevados ante un estrado judicial? Yo creo que uno solo, Rodrigo Granda, y lo liberó tal vez la persona que más se opone a este proceso (Álvaro Uribe). ¿Eso no es impunidad también? Nosotros necesitamos que ellos cuenten la verdad también, que acepten que hicieron daño. Las razones políticas no le interesan a la víctima; hay que reconocer los errores, aceptarlos y pedir perdón. Que reparen, que entreguen las armas, que dejen de secuestrar y que empiecen a construir país.

Pero, y eso de que no van a la cárcel, ¿qué?
Mire, yo creo que, si fuimos tan buenos en armas, ¿por qué no podemos ser buenos en la solución de este país? Aquí hay muchos puntos de encuentro. Uno compara a un combatiente raso de las autodefensas, la guerrilla y un soldado, y es el mismo campesino lleno de temores y necesidades.

¿Cómo empezó su historia en las Auc?
Nunca fui un hombre de armas. No presté servicio militar siquiera. Yo era un comerciante de ganado. Fue en 1997, vivía en Yarumal, Antioquia. En los 90 crecieron los grupos armados, guerrillas y de autodefensas. Denuncié lo que me estaba pasando, traté de proteger mi vida a través de una Convivir, y lo que hizo todo eso fue precipitar mi participación en la guerra.

¿Por qué lo dice?
La guerrilla me extorsionaba con frecuencia, me asesinaron un hermano, pero también me motivó la postura ideológica. No entendía cómo los ortodoxos del marxismo querían imponernos un sistema de gobierno con el que seguramente ningún colombiano estaría de acuerdo. También impulsado por la ausencia del Estado, viendo que mis derechos estaban siendo vulnerados, que el Ejército no estaba cumpliendo con su deber, tomé ese camino.

¿Y cuál es la historia de su hermano, “Pablo Sevillano”, extraditado?
Él me siguió y se vio involucrado en esto.

Yarumal es famoso por la existencia de un grupo de asesinos conocido como los Doce Apóstoles. ¿Usted siguió el ejemplo de ellos?
No tuve nada que ver con los Doce Apóstoles. La nefasta época de ese grupo en Yarumal fue entre 1992 y 1994. Después llegó otro grupo de autodefensas en 1995, enviado por un terrateniente de la Costa, un señor llamado Javier Piedrahíta. Yo decidí tomar las armas en 1997. Lógicamente conocí al comandante de los Doce Apóstoles, que se trasladó a otra región por el escándalo que produjo la participación de un cura y de varios comerciantes reconocidos en esa organización.

¿Cuánto tiempo estuvo en Yarumal después de que se armó?
Un año larguito. Empecé con tres hombres y llegué a tener 19. La gente en Yarumal era muy reacia a colaborar porque venían de una experiencia demasiado difícil con los Doce Apóstoles. Después me trasladé al Bajo Cauca antioqueño, donde conocí a Carlos Mario Jiménez, alias Macaco, que tenía un grupo de autodefensas muy personal. Luego llegué a los Castaño, y cuando me di cuenta tenía el agua hasta el cuello. Terminé en el sur de Bolívar como comandante.


¿Qué tan frecuentes eran los combates con la guerrilla y con el Ejército?
En el sur del Bolívar, entre 1998 y 2001, cuando estuve allá, a diario se combatía contra el Eln. Como decíamos nosotros, mojábamos prensa todos los días. En todo ese tiempo, el Ejército sólo atacó una vez nuestros campamentos.

¿Les ayudó el Ejército en esa zona?
Siempre tuvimos a alguien encargado de establecer comunicación con miembros de la Fuerza Pública. Cuando no había participación directa (de miembros del Ejército), hubo connivencia y omisión de su parte. Ellos estaban en cascos urbanos y su accionar era muy limitado; nosotros no teníamos que pedirle permiso a nadie. La autoridad en esas regiones éramos nosotros.

¿Para dónde se fue en 2001?
Asumí el enfrentamiento en Barrancabermeja. Ya era más urbano. Nos enfrentamos al Eln, las Farc y el Epl. Pero allí se hizo más fácil porque se nos sumaron exguerrilleros. Más del 40% de los hombres que se me unieron eran exguerrilleros.

¿Por qué decidió desmovilizarse?
Estar en la guerra deshumaniza: se desconoce el valor de la vida. Me di cuenta de los horrores que estaba propiciando, entendí que había que desactivar todo ese aparato de guerra. Mire, cuando uno está en una región seriamente afectada por el conflicto armado y ve pasar muertos y heridos de un lado para otro, se da cuenta de que ha vivido en un círculo de violencia horrible.

Pero muchos “exparas” terminaron en bandas criminales.
Se hizo un proceso de sensibilización para seducir a los combatientes a dejar ese camino, pero muchos no acataron el llamado y hoy están en las bacrim. Pero después de estar ocho años y medio privado de la libertad, comprometido con este proceso, creo que el modelo de Justicia y Paz ha sido supremamente efectivo. La Fiscalía ha reconstruido esa violenta historia del pasado. Aunque faltó mucha planeación en la política de reinserción. Por eso muchos retornaron al mundo de las armas. Ojalá esta experiencia sirva para el proceso con las Farc en La Habana.
¿Qué tan traumático para el proceso fue la extradición de los 15 excomandantes en 2008?
Me dolió mucho que mi hermano fuera extraditado. Eso fue un golpe durísimo. El gobierno Uribe dijo que ellos estaban delinquiendo desde la cárcel y todavía estamos esperando las pruebas. Fue lamentable para el proceso, desmotivó a los excombatientes y derivó en que muchos hombres decidieran aceptar ofrecimientos de bandas criminales. Yo no tenía pedido de extradición en esa época. Ahora sí, y por eso prefiero ser prudente. Desde que dejé las armas he estado comprometido con el proceso de paz. Hace un mes estaba destrozado por el aval de la Corte Suprema a mi extradición, pero creo que le puedo servir más a Colombia trabajando por la reconciliación, por la ubicación de desaparecidos. El proceso no termina con la salida de nosotros de la cárcel. Creamos una fundación para trabajar con las víctimas.

Fuente: Periódico El Espectador
http://www.elespectador.com/noticias/politica/el-exjefe-paramilitar-busca-el-perdon-de-sus-victimas-articulo-550278

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