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Exjefes de las Autodefensas Campesinas debutan en el cine para pedir perdón a sus víctimas

‘El Mayor Regalo’. 

Así se titula esta película que se estrenará en octubre y que cuenta historias de perdón de diferentes países. Personas que han ocasionado violencia y mucho dolor, decidieron sanar su alma y la de los demás a través de la reconciliación. 
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Alias Diego Vecino, exjefe paramilitar del bloque Montes de María, vinculado con las Autodefensas Unidas de Colombia, por cuyas decisiones más de 2700 personas murieron. ‘Chatarro’, exjefe paramilitar del bloque Centauros, a quien se le atribuye el asesinato de cerca de 300 personas y ‘Ramón Isaza’, uno de los fundadores del paramilitarismo y quien habría cometido más de 10.000 crímenes. Todos ellos aprovecharon un largometraje para pedir perdón y también para recibirlo por parte de sus víctimas.

‘El Mayor Regalo’. Así se titula esta película que se estrenará en octubre y que cuenta historias de perdón de diferentes países. Personas que han ocasionado violencia y mucho dolor, decidieron sanar su alma y la de los demás a través de la reconciliación. 

Los exparamilitares colombianos, por ejemplo, buscaron algunos familiares de sus víctimas, esta vez para pedir perdón, se abrazaron y compartieron entre sí sus historias de dolor.

La idea de producir esta película nació precisamente en Colombia. Su director, el periodista español Juan Manuel Cotelo, en diálogo con El País contó la experiencia de grabar algunos testimonios en Colombia. 

¿Cómo nace la idea de realizar ‘El mayor regalo’?

Surgió en Bogotá. Al finalizar una presentación en un teatro, se me acercó una persona para hablarme de un grupo de presos que estaban cumpliendo condena por numerosos crímenes. Literalmente, me dijo: “quieren pedir perdón y les gustaría hacerlo a través de usted”. 

Poco después, visité a esas personas en la cárcel de La Picota y viví una experiencia maravillosa. Cada uno compartió conmigo, con toda crudeza y sin adornos, lo que había hecho. Estaban realmente arrepentidos.

Al cabo de un tiempo, regresé a Colombia y pude acompañar a estas mismas personas cuando visitaron a los familiares de sus víctimas, a quienes querían pedir perdón cara a cara. Y entonces viví la manifestación de amor más grande que jamás había vivido: las víctimas se abrazaron, besaron y compartieron su tiempo, su comida y bebida con los asesinos de sus familiares con mucha humildad.


¿De qué trata el largometraje?

Trata sobre el perdón, el arma más poderosa que existe para lograr la paz. Quien crea que va a recuperar la paz mediante la venganza o el odio, se equivoca por completo y así lo experimenta día a día, en su propio sufrimiento interno.

El rencor te quita la paz, el perdón te la devuelve. Quien piense que ya es tarde para perdonar o para ser perdonado, se equivoca. Como también el que considere que el perdón se obtiene por méritos propios. El perdón es un regalo que se entrega y se pide humildemente, sin merecerse ni exigirse. El perdón no se negocia. Se da con alegría y se recibe con agradecimiento. Es un acto de generosidad infinita. Amar y perdonar son sinónimos perfectos.


¿Por qué hacer esta película sobre el perdón?
Si se me ocurriera un tema más urgente e importante del que hablar, lo haría. Pero dígame ¿usted conoce a una sola persona que no tenga que pedir perdón a nadie o que no tenga que perdonar a alguien? 
Si uno abre los periódicos se encuentra con guerras dentro de las familias, en los colegios, entre vecinos, países, culturas, religiones; el perdón es urgente, porque la pérdida de paz, provocada por las envidias y divisiones, es una epidemia mundial.

Hemos tenido muy buenos maestros del odio, entre los políticos, los guionistas de cine y TV, los periodistas y, tristemente, los mismos padres y madres de familia han educado a sus hijos en el odio. Ya es hora de que esos mismos profesores -entre los que me incluyo por ser director de cine y padre de familia- enseñemos que es posible amarnos unos a otros, amando nuestras diferencias.

El discurso de la “lucha de clases” ha provocado en todo el mundo una corriente de consecuencias nefastas. Ahora se promueve el odio entre sexos, el odio a las autoridades, a los ricos, a los poderosos, a los del equipo de fútbol contrario. La buena noticia es que no estamos obligados a heredar el odio de nuestros padres, podemos liberarnos de esa carga y modificar nuestra propia historia.



‘El mayor regalo’ tiene algunos testimonios de Colombia. ¿Cuáles?
A lo largo de la película, mostramos testimonios de reconciliación en varios países: Francia, España, Irlanda, México, Ruanda, Colombia. Unas personas piden perdón y otras perdonan. Y ese perdón está relacionado con todo tipo de ofensas: asesinatos, robos, infidelidades, insultos, mentiras. Ningún conflicto supera el poder del perdón. Y en ‘El mayor regalo’ se demuestra que cualquier persona puede perdonar y pedir perdón. En todas las historias parecía imposible la reconciliación. Sin embargo, en todas ha sucedido. Esto dará esperanza a quien piense que ya no puede perdonar o ser perdonado. Nunca es demasiado pronto, ni demasiado tarde para el perdón.


Entonces, ¿considera que perdonar realmente es un don?
Ahora ya no me cabe la menor duda. Es un don de Dios que, así como nos concede a todos el don de la vida, sin que nadie lo merezca, e incluso sin que le reconozcamos como nuestro Creador, también nos concede la capacidad de perdonar y de pedirlo, cuando el rencor es superior a nuestras fuerzas. Es un don que Dios concede inmediatamente, sin pensárselo, a quien lo desea con corazón sincero. Como todos los dones que recibimos de Dios, somos libres de ponerlos en juego o enterrarlos. Solo hay que dar un pasito pequeño y el perdón se hace realidad. Ese pasito consiste en desear el perdón y en ofrecerlo con una simple palabra, con un abrazo, con una lágrima o con un silencio elocuente. No es una teoría, es una realidad que puede constatar cualquiera, sin excepción.


¿Qué fue lo que más le marcó de este proyecto? Una anécdota que nos pueda contar...
Todo ha sido demasiado hermoso como para destacar algo sobre lo demás. Pero contaré una situación especial que viví, precisamente en Colombia. Acompañé a una persona a casa de una de sus víctimas. Cuando estábamos llegando detuvo el carro a unos 50 metros. Le temblaban las piernas y las manos. Me dijo “ya lo he hecho otras veces, pero siempre me cuesta”. Le dije que esperase en el carro y que yo me adelantaría a la casa. Allí me encontré con la familia que estaba descansando en la entrada. Me presenté, hablamos sobre algo insustancial y de pronto, la mujer dijo: “dígale que venga, porque esta noche soñé que Jesucristo me decía que el asesino de mi hijo iba a venir a mi casa, acompañado por usted. Dígale que no tenga miedo, que venga”. 

Regresé al carro, le dije a esa persona que ya podía salir y un minuto después recibió el abrazo y el beso de aquella mamá, quien le dijo mientras le miraba a los ojos: “esta es su casa y usted es mi hijo. ¿Qué quiere tomar?” Nada supera en belleza a ese espectáculo de amor.



En qué se inspira

Para los largometrajes, en la vida misma. No necesito buscar historias sino que las encuentro ante mis ojos. Estoy seguro de que la vida de cualquier persona puede generar una gran película. Nada es más emocionante que la vida real. 


Las películas que retratan la vida real de las personas, nuestros sufrimientos, alegrías y pasiones, me conmueven. Y si además de retratar, ofrecen un final esperanzador, mucho mejor. Eso exige un esfuerzo para los cineastas. Podemos conformarnos con ser espejos de la realidad y concentrar nuestra mirada en los errores humanos o concentrar nuestra mirada en la solución a los errores.



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Fuente: https://www.elpais.com.co/

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